Perdiendo el control

1255 Palabras
* El vaso de whisky vacío cayó sobre la mesa con un golpe sordo, resonando en el silencio de mi Penthouse. Aún sentía el calor del licor bajando por mi garganta, pero mi mente ya estaba enfocada en otra cosa: Emily. No podía sacarla de la cabeza, y eso me frustraba más de lo que estaba dispuesto a admitir. Macha apareció en la puerta, su rostro serio, como siempre, pero con un brillo en sus ojos que no me gustó. —Uno de los hombres a los que le ordenaste seguirla acaba de avisar —dijo, sin rodeos—. Está entrando en un club... o un bar, no lo sé. Un antro, tal vez. Mi mandíbula se tensó al instante. —¿Quieres que la sigan? —preguntó, midiendo mi reacción. Por supuesto que sí. No pude contener el grito que salió de mi garganta. —¡Claro que quiero que la sigan! —rugí, poniéndome de pie de un salto—. No quiero que le quiten el maldito ojo de encima. Y si ven a algún cabrón acercarse a ella, que lo maten sin preguntar. Que te manden la dirección ahora mismo—me acerqué a Macha, mis ojos llenos de una determinación feroz—. Nos vamos. Ahora. Macha asintió, sacando su teléfono para recibir la dirección de inmediato. Sabía que no podía dejar que Emily estuviera fuera de mi alcance por mucho tiempo. Había algo peligroso en esa idea. Algo que me encendía por dentro. ¿Qué diablos estaba haciendo ella en un lugar así? No importaba. Lo único que importaba era que ella no podía estar allí, no sin que yo lo supiera todo, cada maldito detalle. Mientras Macha escribía algo rápido en su teléfono, mi mente empezó a planear. No era solo seguirla. Era tener el control total de la situación, y eso significaba que ninguno de esos idiotas que frecuentaban esos lugares podía tocarla, ni siquiera hablarle. —¿Qué clase de club es? —pregunté con frialdad. Macha levantó la mirada del teléfono. —Un antro exclusivo. Solo entras si conoces a alguien. De esos donde la gente con dinero se junta para hacer negocios y otras cosas. Perfecto. —Nosotros también conocemos gente —dije con una sonrisa cruel—. Asegúrate de que todo esté bajo control antes de que lleguemos. No quiero sorpresas. Macha ya sabía qué hacer. Mientras él terminaba de coordinar los detalles, yo me movía rápido hacia la habitación. No iba a perder tiempo. No me iba a dejar sorprender. Me vestí con rapidez, algo oscuro y elegante. No era una cuestión de mezclarme, sino de destacar sin dar explicaciones. La oscuridad de la ciudad me reflejaba mejor que la luz, y esta noche sería otra más en la que me adueñaría de cada sombra. Cuando volví a la sala, Macha ya estaba listo, y la dirección estaba en su teléfono. —¿Está sola? —pregunté, cerrando mi chaqueta de cuero. —De momento sí —su mirada se encontró con la mía—. Pero ya sabes cómo son estos lugares. No pasará mucho tiempo antes de que alguien intente acercarse. No lo permitiría. Salimos del Penthouse como un par de fantasmas en la noche. Mi coche n***o nos esperaba en la entrada, y en cuestión de segundos ya estábamos devorando las calles de Londres. Mis pensamientos giraban en torno a una sola cosa: Emily. No podía dejar que se me escapara, ni un segundo. Ya no era solo una cuestión de capricho. Era una obsesión, una necesidad. —¿Crees que va a resistirse mucho? —preguntó Macha, rompiendo el silencio mientras aceleraba por las calles. No respondí de inmediato. Sabía que Emily no sería fácil de conquistar. No era como las demás. Pero esa era justamente la razón por la que la quería. Era un reto. Un desafío que no podía ignorar. —Resistirse solo la hace más interesante —respondí, finalmente, con una sonrisa oscura en mis labios—. Y al final, todos caen, Macha. Todos. ++++ El club apareció ante nosotros, una estructura discreta, pero lujosa. La clase de lugar que parecía hecho para esconder los pecados más caros y peligrosos de la ciudad. Había una fila de autos costosos aparcados afuera, y la entrada estaba custodiada por un par de guardias que miraban con cara de pocos amigos. Pero eso no nos iba a detener. Uno de los hombres de Macha ya estaba allí, esperándonos. Se acercó rápidamente al coche cuando nos vio. —¿Está adentro? —pregunté sin rodeos. —Sí, señor. Entró hace unos minutos, con su amiga y un hombre, por lo que vi es el novio de la amiga. Me sentí aliviado, pero al mismo tiempo mi sangre hervía ante la idea de que alguien pudiera acercarse a ella. No estaba dispuesto a permitirlo. —Bien. ¿Y algún hombre ha intentado hablarle? —Todavía no, pero no creo que tarde. Ya ha llamado la atención de varios. —Si alguno de esos idiotas se le acerca, quiero que actúes —le dije con frialdad—. No me importa quién sea, hazlo desaparecer. Mátalo si es necesario, pero asegúrate de que ella no lo note. El hombre asintió sin hacer preguntas. Sabía cómo operábamos. Nos movimos hacia la entrada del club que ni tuve la delicadeza de buscar su nombre, donde los guardias nos bloquearon el paso. Pero tan pronto como vieron a Macha, cambiaron su actitud. Sabían quiénes éramos. Sabían lo que podía pasar si se interponían en nuestro camino. Entramos al club como si fuéramos los dueños del lugar, y en cierto sentido, lo éramos. La música golpeaba los sentidos, y las luces parpadeaban con un ritmo caótico. Gente bailaba, bebía, y hacía negocios en cada rincón. Pero mis ojos solo estaban buscando una cosa: Emily. La vi al instante. Estaba en la barra, con un vestido que abrazaba cada curva de su cuerpo. Mi corazón se aceleró al verla. Era más hermosa de lo que recordaba. Y mientras la observaba, vi cómo un hombre se le acercaba, sonriendo como el maldito imbécil que era. Mis manos se tensaron en puños. No iba a dejar que nadie más la tocara. No iba a permitir que otro hombre se acercara a lo que era mío. Macha me detuvo, me dijo que era mejor mandarle una señal, según los jóvenes de ahora enviaban una copa y el bar-tender le decía que alguien un admirador lo enviaba. Eso me detuvo, ya que estaba a punto de causar una guerra. Esto puede sonar exagerado, pero no soporto la idea de que otro este adelante mío, no cuando yo empecé el juego. Esta maldita carrera la ganaré yo. Ella parece no estar tan cómoda como lo quiere aparecer, ¿qué hace aquí sino le gusta? Observo cada uno de sus movimientos, sus gestos y todo lo que le rodea. —No cometas una locura, espera el momento adecuando, no desearas que ella piense que la estás siguiendo, no, ya que te tachara de lunático, controlador y mucho más, nooo, debes pensar cada paso que darás. No soy experto en esto, ya que lo mío son las pistolas, no obstante dicen que las pistolas son como las mujeres. —No puedo, siento que pierdo el control, ella… —Ella será tuya y la obtendrás de la forma que quieres, pero no de esta forma, ¿quieres que te tema o te ame? —Suficiente, maldita sea, detesto cuando tienes razón.
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