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2083 Palabras

—No debes estar nervioso —le susurro a Ízaro, quién no deja de mover su pierna con nerviosismo. Tomo su mano y le doy un suave apretón, mientras miro hacia afuera del automóvil y veo que las luces de la casa de Angeline están encendidas. —Es solo que… —susurra en voz baja—. Sé que esto es importante para ti y quiero que salga bien. —No es para tanto… —miento, intentando bajarle el perfil a la situación—. Tómalo como una cena relajada, con personas muy amables y que estarán felices de conocerte. —¿Se supone que tú y yo solo somos amigos? —me pregunta con nerviosismo y lo veo retorcer sus dedos—. Es decir, no quiero decir mentiras. Me parece tan tierno, que lo único que puedo hacer en ese momento para calmar sus nervios es tomar su rostro entre mis manos y estampar un casto beso sobre

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