Yo era consciente de que Ízaro Mancini era un hombre con mucho dinero, pero dentro de mis pensamientos nunca estuvo que tuviera en su poder un helicóptero privado a nombre de su familia. Nuestro destino para el fin de semana era la Isla de Capri, un lugar que se ubicaba en Nápoles y la mejor manera que mi acompañante encontró para que lleguemos en un corto tiempo fue que voláramos en el helicóptero de su familia. —Tengo miedo —digo mientras estoy sentada en uno de los asientos del helicóptero. Ízaro toma mi mano con fuerza y me mira con una sonrisa que intenta tranquilizarme, pero no lo consigue. —Billy es un experto en esto —asegura y se voltea a ver al hombre de mayor edad que sonríe ampliamente—. ¿Cierto Billy? —Claro, llevo más de 25 años volando —afirma con un asentimiento de ca

