Ya habían pasado dos años, dos putos años en los que no sé nada de ella, era como si la tierra se la hubiese tragado, ¿a dónde se habrá metido?, ¿cómo sobrevivía?, la cuenta de su abuela no había sido tocada, de hacerlo el funcionario sobornado nos habría avisado ya me habría llamado. Sonó el celular. —Por la cara que haces es tu adorada esposa. —Le hice un ademán de «qué comes que adivinas», a la vieja que acababa de tirarme. —Dime Abigaíl. —¡La reina del Este se encuentra aquí! —salí de un salto de la cama—. Larry no quiere salir por ella, llámalo y dale una orden. —¿Por qué lo metes a él en esto? —Deja de sobreprotegerlo o es que ahora… —¡Calla la puta boca asquerosa! —Como la detestaba. —Me estoy cansando de tu forma de tratarme, querido. —Eso me tiene sin cuidado y me importa

