—No, mi reina, le dije que estaré a su lado siempre, pero en esta ocasión, le seré fiel a mi rey. —No sé qué sentí—. Lo siento, y acepto el castigo por el acto de rebelión, él la necesitaba y la situación no salió como se había planeado. —¿A qué te refieres? —No puedo aún decirle nada. Cuando usted se fue, hace casi dos años, yo le entregué las coordenadas. —alcé la mano, él bajó la cabeza. —No recibirás castigo, me siento… —¿Puedo hablar mi reina? —afirmé—. Usted cortó comunicación con nosotros, recuerde que en varias ocasiones le pedí a Caluxy que me dejara hablar con usted y quería contarle que el rey necesitaba la piedra. —Tranquilo. —Lo abracé—. Está en buenas manos. Espero él la tenga en un lugar seguro. —El príncipe del Norte la anda buscándola y tiene fama de ser un buen rast

