Tanto Sharon como yo unimos nuestras cejas. Ella iba a refutar, pero alcé la mano. El recuerdo de una conversación con la abuela llegó a mí. Una tarde, cuando mirábamos la televisión, hablaban en un especial de parejas divorciadas… Esa era la falencia de Alma. No es que deba existir el divorcio, ¡no!, no era eso, aquí las mujeres seguían bajo el yugo de su esposo.
—Las parejas en la tierra se divorcian —había comentado—. No superan los problemas.
—Abuela, hay situaciones en las cuales es justificable el divorcio.
—¡Ah, sí!, ¿cuáles? —medité por un momento.
—La infidelidad.
—Eso es consecuencia de la falta de respeto a uno mismo y de ahí se derivan el irrespeto al prójimo. —Con la mirada le pedí profundizar su concepto—. Cuando tú te respetas, eres cuidadosa, valoras los sentimientos de las personas a tu alrededor, porque no te gustaría sentirte herida o engañada, aplicas una ley universal de, así como tratas serás tratado. Por eso respetarás las relaciones ajenas. La vida de pareja es un cincuenta, cincuenta, amor y respeto al compromiso.
» Veo a la humanidad tomar el camino fácil, pensando en; si no funciona me divorcio, es la salida a sus problemas. No toman en cuenta el daño a los hijos si los tienen, el daño que se hacen a sí mismos. Se dejan llevar por el resentimiento de la ofensa, porque carecen del perdón. Al no existir el respeto, surge el maltrato físico, verbal o psicológico. Enseñas con ejemplos, para bien o para mal, pero siempre con el ejemplo, el irrespeto, aunque sea silencioso, destruye todo.
—¿En el planeta de dónde vienes no hay separaciones?
—Nunca.
—¿Todos se entienden y comprenden? Tal belleza sin construcción mutua no existe. ¿Aceptan la decisión del otro sin debatirla?
—Esa parte es un poco complicada, —me miró—. Te he analizado, dentro de ti volvió esa fuerza de inconformismo desarrollada en tus últimos meses de vida, hace milenios.
—¿A qué te refieres?
—Son tonterías mías, tu nacimiento en el planeta Tierra tiene un fin, no quiero sacar conjeturas erradas, aunque soy del pensamiento de no al divorcio… algo me dice que chocarás con la ideología matrimonial del planeta.
—Te concedo lo dicho sobre el fin. Sin embargo, no debe ser obligatorio el yugo matrimonial. Si uno deja de amar a la pareja, lo mejor es separarse.
—Si no te encuentras de acuerdo con el hombre el cual te solicitó en matrimonio y fue otorgado el permiso por la Energía y la naturaleza al dar su aval… En nuestro mundo el matrimonio es para toda la vida. —En eso me maniató.
—Abuela, el ser humano debe tener la libertad de cambiar, bajo un ámbito de respeto. Si ya no es agradable convivir con el hombre que hace unos años amaba, no es sano quedarse obligada a permanecer con él por la eternidad, ¿dónde queda entonces nuestra felicidad? —algo diferente debí decir, porque sus ojos brillaron—. Quiero hacerte comprender. Entiendo que el matrimonio es un compromiso mutuo, el cual debe forjarse del respeto entre ambos. Y si se tienen hijos, dar el máximo para salvarlo. Solo si hay diferencias muy grandes entre la pareja o maltrato de cualquier índole, es sano separarse, así no se pierde el respeto en uno mismo.
A eso se refirió la abuela, esa tarde sentí que en el fondo de su ser no aceptaba, se calló inconformidades. Por eso debía tener cuidado, analizar primero, Yelena.
—Sobre lo hablado del planeta Tierra no te lo discutiré Yurano. Los humanos no comprenden la importancia de la naturaleza, hemos conquistado la tierra como si fuera territorio propio y no prestado. Aun así, el planeta es hermoso. —Los miré a cada uno—. Con relación a la decisión de igualdad matrimonial, se mantiene, espero la transmitan a los súbditos, es la única orden que daré y no daré mi brazo a torcer.
—El Rey…
—¡De él me encargaré cuando lo vea! Si cree que me pondré a su espalda, que no pueda opinar en la crianza de mis hijos, si opina en mi forma de vestir o cuando no me parezca una decisión que bajo mi punto de vista la veo errónea. ¡Se lamentará de haberme solicitado en matrimonio! Jamás me callaré.
—¡Majestad! —Milnay se horrorizó, luego de cruzar mirada con ella, habló—. Debe darnos tiempo para acoplarnos, ¿nos pide discutir entre parejas?
—¡No Milnay! Les pido dialogar sin insultos, ni agresiones para llegar a una decisión mutua en temas fundamentales de sus relaciones. Cada uno sabe sus problemas.
—No tenemos problemas —comentó Yurano.
—Yoooo… —El rostro de su esposa se había puesto muy rojo—. No diría eso. —Fue un lamento la voz de Luzlybelt.
—A ese tipo de inconformidad me refiero. —El ambiente se tornó pesado.
—No hay nada más lamentable que esta forma de regañarnos, después de todo tu esencia no ha cambiado. —Milnay desvió la mirada. ¿Qué habré hecho en el pasado?
—La última conversación nuestra… —Milnay interrumpió a Luzlybelt.
—Hablaremos con la reina después de su educación, por ahora es mejor darnos a conocer.
Los hombres permanecieron callados, sin embargo, la mirada de Yajaht me alentó, a él le agradó la orden dada.
—Si los incomodé, lo siento. Perdónenme. —Los presentes abrieron aún más los ojos, salvo mi hermana—. Al parecer mi anterior yo no fue un derroche de amabilidad.
—Para nosotros también es algo nuevo. Y no, no fuiste amable, una buena reina, sí. Para nosotros también es muy confuso, sobre todo porque tu hermana regresó, te encontró —dijo Milnay para minimizar la tensión del ambiente, sabía lo que hacían. Sharon nos ofreció una sonrisa a medias—. Ustedes eran inseparables, se tienen una lealtad inquebrantable. Suponemos que algo pasó el día n***o, el día en que cambió nuestro planeta, cuando surgió la traición o podemos decir, la revelación de algo siniestro en todos ustedes. Ese día desaparecieron seis miembros de la élite, cuatro murieron y dos desaparecieron. Encontramos los cuerpos sin vidas de ustedes.
—No los vimos morir, pero usted hizo… —Marlash fue interrumpido por Milnay, él se sonrojó, contenía la ira por el acto de su mujer.
—Los encontramos tomados de las manos, fue una forma curiosa de morir. —comentó Yurano.
—¿A qué te refieres al decir de manera curiosa? —preguntó Sharon.
—No nos tomamos de las manos, por eso fue extraño. El cuerpo de Maxalayny, —Yurano miró a mi hermana—. Tenías la daga de Procyxon en la espalda, estabas encima de la reina. Deducimos que Procyxon quería matarla y usted se interpuso, además de eso todos se agarraron de las manos. Por otro lado, la espalda del príncipe. —Yajaht realizó un gesto de desagrado—. La encontramos quemada, yacía boca abajo, con su mano derecha sobre el tobillo del Rey, y los dedos de la mano entrecruzados con su esposa Maxalayny. Las manos de los Reyes se fundieron por el fuego, las manos de ustedes. —Nos señaló—. También agarradas. No sabemos de qué murieron, sin embargo, los anillos de matrimonio se derritieron formando una placa alrededor de los dedos donde los portaban. Procyxon y Xazsoy desaparecieron junto con varios almanos. Esa noche el planeta tembló, la naturaleza se vio transformada, realmente alterada. Una fuerza invisible nos dividió, nos dejó a cada uno en el lugar al que hemos pertenecido, se levantaron los muros impenetrables y los ancianos saben más de lo que quisieron informarnos.
—Eso lo ignoraba. —comenté más para mí, pero me escucharon.
—No sabes muchas cosas. —Milnay fijó su mirada en mi mano, crucé los brazos para ocultarlo, los profesores se miraron, por su expresión comprendieron. ¡Rayos!
—Debes leerte el libro dado por Laxylya.
—Me gustaría saber…
—Poco a poco comprenderás y sabrás la historia. —Milnay se levantó, dio por terminada la reunión, aunque se veía muy nerviosa—. Debo llevarlas al internado. —Marlash desde que fue interrumpido no había cambiado su expresión, de enojo.
—¿En verdad estaremos en un internado? ¡Encerradas! —Sharon realizaba gestos de aburrimiento, los profesores la miraron y Yajaht admirándola.
—No sé a qué te refieres con encerradas, no es un calabozo. —En vano fue la explicación de Luzlybelt.
—¿No podemos hacer nada? —comentó Sharon.
—Tendrán mucho trabajo —dijo Yajaht sonriendo—. Aunque solo verás compañeros de clase y profesores.
—¿Qué dice la historia? —Los maestros caminaron en dirección a la puerta.
—El cambio para los almanos fue muy duro. Ese día, cuando los monarcas murieron, Alma emitió una onda expansiva. De alguna manera ofendimos a la Energía y el bello paraíso del Sur fue prohibido, es como si los reyes debieran ganarse una vez más el honor a ser nuestros reyes.
—¡Yajaht! —Más de uno lo regañó.
—Nada más cumplo con la nueva orden de la reina. —sonreí una vez cruzamos la mirada—. Yo estoy feliz de tenerte de nuevo. Te extrañé.
Y ante la mirada atónica de los presentes, por algo que para mí era la primera muestra de afecto y recibimiento… Baches de un pasado; sonrisas, travesuras, complicidad, él estuvo ahí… —Los ojos se me humedecieron—. Siempre a mi lado… Antes del caos. Él estuvo a mi lado.
—Eras mi mejor amigo.
—Comienzas a recordar.
Se cruzó de brazos, respiró para contrarrestar cualquier tipo de emoción y antes la perplejidad de los presentes y hasta de él mismo. Corrí a sus brazos.