Capítulo 2 – ¿Cinco años de espera?

1312 Palabras
—¿Cinco años? —arrugué la frente—. Tienen el momento exacto, ¿cómo si fuera un resultado matemático? ¡Eso no es amor! Eso es imposición. Tú eres muy diferente a la abuela. —En eso estamos de acuerdo, no patrocinaría ciertas libertades, tampoco la juzgaré por ello. Aún no veo la razón por la cual permitió cierto libertinaje y en vez de educarla bajo el esquema almano, dejó que forjaras una personalidad contradictoria a la nuestra, y un poco liberada. —Nunca te atrevas a hablar mal de ella delante de mí. —volvió a salir la Yelena dominante, mantuve la altivez. Asallam acarició mi cabello, volví a sentir esa energía, sentía su regaño por dicha conducta—. Amé mucho a quien creí era mi abuela, por eso no quiero escuchar malos comentarios. Se acomodó el cabello detrás de su oreja, era una mujer en el esplendor de los cuarenta, cabello gris a los hombros. —Eso jamás lo haré, la amé y respeté. Pero no estuve de acuerdo con algunos conceptos, siempre me dijo cuán diferente regresaste, habló de tu carácter modificado. Aun así, deberás asumir tus errores. —Mi pasado viaja conmigo y la Energía lo permitió. —alcé la barbilla—. Ha de ser por algo. —Eso es lo que no comprendo. —Se veía frustrada, respiró profundo, miró al caballo—. Sin embargo, eres la soberana. —Era mejor dejar el tema por el momento congelado. —¿Debo ir a ver a la tal élite o me van a llevar de una al famoso internado? —Yajaht miró con insistencia a Sharon, ella no demorará en decirle ciertas palabras. —Majestad. —habló Milnay, cerró los ojos y suspiró—. Le debo mi lealtad, comprenda… Nunca suelo decir mis pensamientos a mis superiores. No obstante, las conversaciones entabladas con Laxylya me da la confianza para hacerlo, espero no ofenderla. —bajó la mirada. —Y no espero menos de ti. —sonreí—. No sé si me enamore del Rey, eso se lo dejo al tiempo. Por ahora necesito de ustedes, enséñame a amar el planeta, a entenderlo, a comprenderlo. Si cometo errores, díganmelo con toda franqueza. —Acepto. —Me tomó del brazo sonriendo—. Tu esencia cambió o debo decir, volvió quién fuiste en esos últimos meses. —miró el caballo—. Debemos darle un lugar al bello regalo, nos esperan, aún falta mostrarles el internado donde pasarán los próximos dos años, saldrán al cumplir los veinte. —¡¿Qué?! —Sharon soltó un quejido, nos reímos—. ¡No tiene nada de gracioso! Creí haberme librado de estudiar. —Te faltan dos años, luego ibas a ingresar a la universidad. —Le objeté. —Iba a casarme. Yajaht realizó un gesto de desagrado, al notar que lo descubrí bajó la vista, Milnay también le recriminó con una severa expresión. —Entremos. —¿Y Asallam? —sonrió. —Se quedará en el internado cerca de ti, ahora nos encontramos en el observatorio. —Le pedí que me llevara al internado. —La naturaleza conoce más las reglas. Después de hoy volverás cuándo tengas veinte, serás la líder general. —abrí mis ojos. —Tú eres la comandante. —Fue un susurro. —Encargada. —sonrió. Ingresamos al lugar, el interior era un edificio. Había imaginado una casa grande, sin embargo, solo era la superficie. Llegamos a un ascensor, no pude evitar el asombro, funciona igual que en la Tierra. —¿Esto no es contaminante? —negó, sonrió al ver mis expresiones. —No, estamos encerrados en la corteza de un árbol, dentro de una montaña volcánica, la cual nos nutre de mucha energía, nuestra tecnología es ilimitada, nada más se utiliza para el cuartel. Hago la referencia, porque no sobrepasamos el límite de Alma. Todo lo empleado es biodegradable. —Sorprendente. Tenía hasta el piso quince de manera subterránea. El color blanco predominaba en las instalaciones, ahora comprendía la obsesión de mi abuela con ese color. —Cada piso es un área determinada. —Nos detuvimos en el séptimo. —Los últimos cuatro son los calabozos. —intervino el primer teniente. —Pensé que la conducta de los almanos no era para cometer crímenes. —Los habitantes de los calabozos son del Norte. —respondió Yajaht. Mi hermana se sentía cohibida por la presencia del primer teniente. Las puertas del ascensor se abrieron, una sala inmensa de paneles blancos se mostró ante nosotros. » El color de tu cabello sigue siendo el mismo, —Sharon se sonrojó, lo miró con el ceño fruncido—. Es agradable ver que no ha cambiado, —salió del ascensor, al estar a una distancia prudencial se inclinó—. ¿Princesa? Sin decir nada salió, Milnay y yo nos quedamos atrás. Ellos conocían nuestras anteriores vidas. —¿Cómo se alimenta este lugar? —pregunté. —Energía solar, del volcán, de la tierra, del árbol. ¿Ves esos paneles?, son los conductores. —Increíble. —¿Qué pasó entre ellos en el pasado? —No respondió, esperó a que se adelantaran. —Él era el novio de tu hermana, por años lo fueron, no obstante, ella se enamoró con el paso del tiempo, o tal vez lo estuvo en silencio del hermano del Rey. Fue un acontecimiento fuerte, doloroso y vergonzoso en aquel entonces. Maxalayny lo dejó por otro. —abrí la boca. —¿Se comprometieron? —No alcanzaron, Yajaht la dejó ir. Bueno, la montaña nunca le otorgó los anillos. —Me encogí de hombros, ¡Dios no comprendo nada!— Ha sido el acto de amor más bello de los últimos años, de nobleza o quién sabe las verdaderas razones de lo ocurrido. —¿Últimos años?, querrás decir milenios —sonrió. —El tiempo para nosotros es diferente. Yajaht no volvió a amar a ninguna otra mujer, o puede que se vea con alguien. Cuando Laxylya comentó la posibilidad del regreso de la princesa, no ha dejado de interesarse e impacientarse por su llegada. Dice que no volverá a pasar… ha clamado por ella, también declarado que, si el alma de Maxalayny también regresó, no la dejará ir de nuevo. —Otra vez volvió a llegar tarde. La comandante me guiaba por los pasillos, los presentes inclinaban la cabeza a mi paso y al de Sharon. Éramos las únicas vestidas con colores diferentes. —La Energía pura nos trata de decir algo, no lo comprendemos aún, con el tiempo lo sabremos. De eso no tengo la menor duda. Llegamos a una gran puerta de madera tallada con jeroglíficos y dibujos de la naturaleza. Su color café contrastaba con la blancura del lugar. —No solo nos trata de decir algo. —dije, al cruzar la puerta nos esperaban, los presentes escucharon lo último que le dije a Milnay—. Nos trata de enseñar. —Sabemos mucho, somos superiores a los mundos conocidos en la galaxia. No contesté, su respuesta me pareció altiva. ¿Qué quería enseñarnos Dios? Yajaht mantuvo la puerta abierta a la espera de mi ingreso. En el interior había una gran mesa ovalada, creada por el tronco de un árbol, era una mezcla de modernidad y naturaleza, varias personas mayores esperaban. Se inclinaron al verme ingresar. El corazón se me quería salir. Ya me encontraba en Alma. —Miembros de la élite del Este. —realizaron una vez más una leve inclinación—. Les presento de manera oficial a La Reina del Este y la princesa. —terminó la ovación del primer teniente. No sé quién puso más cara de «¿Dónde nos hemos metido?», Sharon analizó los alrededores, mientras yo enfoqué a los presentes, tantos rostros de personas mayores. ¿Cómo lograré ser su soberana? O que acepten a una humana.
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