Capítulo 31 – La importancia de la piedra

1842 Palabras

Estaba en mi obligada función marital, Myrfak gemía cuando escuché pasos en la sala del apartamento. Me alejé antes que llegara al orgasmo. —¿Qué haces? Su rostro fue un poema, su olor me produce asco, y era más repulsivo después de mi matrimonio con Yelena, si la dejo alcanzar el orgasmo saldré a vomitar, y hoy no quiero hacerlo. —Ya no quiero tener más sexo, suficiente por hoy. Me vestí mientras ella contenía sus ganas de llorar, como también esas ganas de mandarme al infierno. Me lanzó un cojín, me eché a reír. Cuando su telequinesis lanzó un jarrón contra mí, lo detuve. Toda la rabia que siento por ella desde que debía fingir ser esposo, la canalicé para sacarla de la cama y la llevé contra la pared, presionado su cuello. —¡Eres un maldito! En privado se desahoga, durante las po

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