Despertó con un grito, bañada en transpiración y agitada, la pesadilla aun envolviéndola. Otra vez la imagen del rostro distorsionado de Richard, sus amenazas, el cuchillo, los insultos. Se estremeció, sentándose en la cama, boqueando en busca de aire fresco que la sacara del pavor. Había transcurrido una semana y todavía sentía el miedo y la desesperación. Su piel era un mapa que mostraba a las claras el vapuleo que había sufrido por parte de ese hombre que había perdido toda cordura. No importaba que supiera que en este momento estaba encarcelado esperando el que sería un juicio corto y lapidario. Su testimonio junto con el del detective Perry, Kaleb y los hombres que le habían rescatado serían suficientes para apresarlo por muchos años. Ya no sería una amenaza en su vida, podría recupe

