CAPITULO 123

1186 Palabras

Kaleb se sabía un asno y no era una convicción placentera. Para un hombre acostumbrado a mandar y a controlar como era él, estar en un limbo, o en una situación que no maniobraba al ciento por ciento, era molesto. En verdad, era más que esto, claro. No era solamente la falta de control. Le hubiera encantado poder seguir con su vida, livianamente, sin pensar más, dejando atrás a Casie y el terremoto que esta había desatado en su hasta entonces ordenada y reglada existencia. Hacía dos semanas había tomado la decisión de apartarse de ella por completo, luego de días de dudas en los que se sintió con poca energía para despegarse. Como si estuviera hechizado, imbuido de una debilidad que hacía que no quisiera dejar de hablarle o acariciarla, o tan solo mirarla. Considerarse inerme fue lo que l

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