CAPITULO 113

1768 Palabras

Cerró la puerta luego de despedir con un largo beso a su voraz amante, y posó su espalda contra la madera, deslizándose hacia abajo hasta quedar sentada, pensativa y sin poder creer la vorágine que había sido su vida las últimas quince horas. En ese corto lapso había atravesado por situaciones novedosas, tan intensas que apenas si podía procesarlas. Y no quería hacerlo, no quería pensar demasiado porque sabía que aflorarían las inhibiciones que naturalmente provenían de años de reglas estrictas o de sometimiento. No quería contaminar con arrepentimiento lo que había disfrutado tan inmensamente. Había sido perfecto, no cambiaría ni uno de los momentos. La cita en sí misma había sido hermosa: el lugar, la comida, la charla, la atención de Kaleb, su caballerosidad, su gentileza. Wooow. ¿Y qu

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