Las palabras golpearon a Jace, a pesar de lo quedo de su voz. Tina se resistió fútilmente entre sus brazos, porque no le permitió escapar. Tomó su mentón, haciendo que elevara la cabeza y lo mirara. El oscuro misterio de sus ojos, de habitual insondable, estaba aguado por sus lágrimas. —No quisiera que lloraras así, pero probablemente lo necesitas, ángel. Guardar el dolor lo hace crecer, no disminuir. Las palabras son lo que necesitas ahora. Estoy aquí, contigo, dispuesto a ser el oído que necesitas. Úsame, Tina. Nada quiero más que ayudarte. Era así, sin más. Había actuado como un idiota al arrojar la información que poseía a su bello rostro sin prepararla. Tanto como había ensayado lo que le diría, su compostura se perdió al estar con ella. Pero estaba bien, se dijo. Había sido necesa

