—En la medida que no llores si te saco amplia ventaja—le dijo con pretendida seriedad, y él rio, mientras procedía a ordenar y pagar. La elección fue la adecuada, y por la mitad Tina tuvo que demostrar la derrota. —Delicioso—suspiró. Él la observó con los ojos algo dilatados, intensidad y fijeza en la mirada que hizo foco en sus labios. —Tienes…—se inclinó y pasó su dedo índice por la comisura del labio inferior, delineándolo con suavidad, para luego llevarlo a su boca y chuparlo sin más, haciendo que el bajo vientre de Tina se contrajera de una forma inusitada y novedosa— Más delicioso aún—murmuró él. Cada una de las células de Tina se puso en alerta, y ella apretó sus muslos procurando calmar la vibración que parecía brotar de su intimidad, en máxima atención ante el gesto espontáne

