06 - Siendo descubierta.

1745 Palabras
Hera. Me levanté de la cama tranquilamente y me detuve algo mareada. Me quedé quieta unos minutos mientras frunzo el ceño y sujetó mi cabeza, ya llevo varios días así y me preocupa. Así que luego de que me pasó agarré mi teléfono y bajé las escaleras camino a la puerta principal. Al salí pude ver a Augustus y Vicense hablando. Me acerqué lentamente hasta su lugar y miré Augustus. —Necesito que me lleves a la casa de Nina, por favor —le pedí y me acerqué a la camioneta para después subir. Los dos hombres subieron y Augustus comenzó a conducir camino a la mansión de la familia West. Miré la hora en mi iPhone y es las seis de la tarde. Su casa está en el mismo vecindario pero un poco lejos ya que está zona es algo grande y una de las mejores de la ciudad. Las dos puertas negras se abrieron y luego ingresamos a la casa. Pude ver a lo lejos a Brandon con sus palo de golf y sus típicas bermudas. Vicense siempre anda conmigo ya que como saben me cuida ¿La razón? Simple. Secuestro. Cuando estaba muy pequeña junto con mi madre intentaron secuestrarme y por esa razón él no se despega de mi lado. Y mientras mi padre sea unos de los hombres más adinerados será muy peligroso para nuestras seguridad. Pero Visence sabe cuándo quiero privacidad y eso pasa cuando voy a fiestas o ando con amigas. La camioneta se detuvo y bajé, pude ver qué Nina salió de la casa con una gigante sonrisa en sus labios. —Mi amigas vino a visitar. Sonreí —Tú no lo haces. Yo te visito más a ti, que tú a mí. Ella sonrió aún más con diversión. —Bueno. Subamos. Eso hicimos, subimos hasta su gigante habitación con paredes de color pastel. —Muy bien —ella tomo asiento en una esquina de su cama y se cruzó de piernas —. Cuéntame. Yo tomé asiento en el sofá largo color crema frente a su cama y la miré con el rostro preocupado. Crucé mis piernas y me recosté del respaldo del sofá de terciopelo color blanco. —Nina es algo que últimamente me tiene realmente preocupada —entrelace mis manos y las miré —. No te lo había querido decir, porque es algo del cual me siento muy avergonzada y me arrepiento. Ella frunció el ceño y tragó con suavidad. —Solo suéltalo ya mujer. Me desesperas. Solté un suspiro largo mientras subo mis hombre y al liberar aire los bajé. —Estuve con un hombre. Ella relajó su rostro. —Hablas como si se tratase de tu primera vez y tú primera vez no existe desde que tenías 19 —ella soltó un suave suspiro —. ¿Qué sucedió con ese hombre? —Que tuve relaciones con él, Nina. Ella abrió sus boca —¿No te cuidaste? —Claro que lo hice, sabes que eso es sagrado para mí, Nina. —¿Y entonces que te preocupa? Ya estuviste con él, No hay vuelta atrás —se encogió de hombros sin tomarle importancia —. ¿Por lo menos estaba bueno? ¿Quién es? —Anton —confesé mirándola. Ella abrió sus ojos de par en par y de inmediato se levantó de la cama. —¡No pude ser! —ella tapo su boca aún impresionada —. ¿Cuándo fue eso? —El día de a fiesta de Vladimir y Kenia —la observé detenidamente. —¿Dónde? —En él vestuario —tapé mi rostro ahora color carmesí. —¡Oh, Dios mío! —ella se volvió a sentar —. Hera con razón vi que saliste de allí toda roja y algo despeinada. —¡Ay no! —me levanté del sofá mirándola —. Estaba ebria y él también lo estaba. —Pero ya… Hera ya pasó, no hay vuelta atrás. Si eso es lo que te preocupa, ya lo hecho está y sé el porque te sientes mal al haber tenido relaciones con ese hombre. Que debo agregar que está completo y perfectamente tallado por los Dioses. Pero… La interrumpí —¡No me ha llegado la regla, Nina! —la miré con miedo —. Eso es lo que me preocupa. Nina cerró sus ojos y tragó —¡Ay Dios mío, Hera! —ella se levantó de nuevo con el rostro pálido. —Eso me tiene la cabeza a punto de explotar. —Pero me acabas de decir que usaron protección —ella soltó un suspiro relajado. —Si, lo hicimos. De eso me acuerdo perfectamente bien —me volví a sentar aún mirándola —. Nina. Ya ha pasado un mes y me he dado cuenta de muchas cosas… —¿Cuáles? —ella mordió sus labios. Tragué saliva. —Últimamente he tenido mareos, ciertas comidas me dan náuseas, dolor de cabeza y mis senos…No lo sé, no los siento como antes. Ellos están un poco más grandes. Ella tragó preocupado. —Hera, tienes que comprar la prueba de embarazo —ella se acercó —. Hoy mismo. Hay que salir de dudas —frunció el ceño. Mordí mi labio inferior nerviosa y asentí. —Cuando vuelva a casa la compraré. Tengo que irme ya que ahora es la fiesta por el aniversario de la empresa y tengo que asistir. Ella asintió rápidamente —Por supuesto, te veré allá. Pero debes hacerte esa prueba hoy. Tragué nuevamente. —No vemos. Nos dimos un corto abrazo. —Gracias por escucharme —espeté mirándola. Me fui de la casa de Nina y por el camino me detuve frente a una farmacia y compré la dichosa prueba. Entonces lo que hice a continuación en lo que llegué a casa, fue entrar a mi habitación he hice lo que dicen las instrucciones. Ya era tarde así que mientras espero el resultado. Me comencé arreglar para ir a la fiesta, obviamente tengo que estar bien para este día, ya que seré nuevamente el centro de atención de todos los del lugar. Al estar lista tuve que bajar a la cocina a buscar algo de comer porque no cene y me está matando el hambre. Luego de haber agarrado unas fresas y uvas volví a subir, pero al llegar frente a la mi puerta pude notar que se encontraba entreabierta y me puse de todos los colores al recordar que dejé la prueba sobre la mesita de noche. Por mi cabeza pasaron muchas cosas y entré esas que Beatrice haya entrado o incluso peor mi padre. De inmediato entré a mi habitación y no me dio alivió no ver a nadie, pero en cuanto me acerqué a la mesita me di cuenta que la prueba no estaba. Me arrodillé con cuidado ya que mi vestido es largo y miré debajo de la cama, también cerca de la mesita y no hay nada. —¿Buscabas esto? —escuché a la persona que menos quería que supiera de esto. Me levanté de inmediato y giré sobre mi eje. Pude ver a la rubia con la prueba entre sus manos y una sonrisa llena de maldad en todo su rostro. ¡Ay no! —¡No entres a mi habitación sin permiso, Beatrice! —fruncí mis labios reclamándole. Ella miró la prueba y luego me miró a mi —Positivo —sonrió aún más. Era lo que menos quería que pasara. Mi mundo se vino abajo. Estoy embarazada. —¿Qué dirá Máximo Ambrosetti, cuándo se enteré que su princesita, está embarazada? —ella lanzó la prueba sobre la cama —. ¿Por lo menos sabes de quién es? —sonrió y luego salió de la habitación. De inmediato me senté en la cama y miré la prueba. Tapé mi rostro y las lágrimas no tardaron en bajar. Así que simplemente me límite a llorar. Por mi cabeza pasaron tantas cosas ¿Qué hago? Me siento triste y asustada. Estoy muy joven para criar un bebé. Si eso debí pensarlo antes. Con las yemas de mis dedos sequé las lágrimas, pero era imposible ellas aún sigan abajo. Agarré mi teléfono y llamé a Nina quien agarró de inmediato. Llamada. —Te necesito, Nina. Ella se quedó en silencio por un momento. —Claro ya voy en camino. Colgué. Me quedé allí sentada mirando la nada y las lágrimas seguían bajando. Nina no tardó mucho ya que posiblemente venía en camino para la fiesta. En minutos ya ella estaba abriendo la puerta. Ella y mi padre son los únicos tiene el permiso de tocar sin pedir permiso. Ella entró pude ver su lindo vestido rojo y largo mangas largas. Me levanté con aún con lágrimas en los ojos. —¿Positivo? —inquirió ella en un tono preocupado. Asentí lentamente mirándola. Ella tapo su boca atónita —Hera.. Me dejé caer sobre la cama y miré el piso luego tragué con dificultad. —Estoy embarazada de un hombre que tiene una relación y para completar es uno de los mejores amigos de mi padre, Nina —Esnifé —. ¿Qué voy hacer? —lloré con fuerza y volví a cubrir mi rostro con mis manos —. Esto va ser un escándalo. Porque no pienso abortar —negué frenéticamente y destapé mi rostro para después mirarla. Ella solo me observa muy roja y con preocupación —. Es un ser vivo y no tiene la culpa de mis impulsos he irresponsabilidades —tragué grueso —.Yo no estaba segura que él había vuelto con ella de lo contrario me hubiera alejado. —Tú padre querrá que te cases con él, Hera —musitó ella —. Máximo no va permitir que su hija críe a un hijo sola y pedirá a Anton que responda. —Lo se, Nina —solté con la voz quebrada. —Ay, Hera… —ella se sentó a mi lado para después rodearme con sus brazos. Yo dejé caer mi cabeza sobre su hombro mientras lloró desconsoladamente y la abrazó. Pedo sentí que ella acaricia mi cabello en forma de comprensión que ya estás peinado. —Y lo peor es que Beatrice me descubrió —sorbí por la nariz y tome una bocana de aire —. Sé que no tardará en decirle a mi padre —tragué —. ¡Dios mío, me siento tan mal! Nunca debí hacer semejante acto con él.
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