XIV Todos se retiraron del comedor. María nos despidió a Samuel y a mí con un beso en la frente antes de irse también ella por la puerta que daba hacia las habitaciones. Samuel me hizo seguirle. Nosotros, a diferencia del resto, debíamos salir a través de la cocina, por la puerta que daba al patio. Tenía las esperanzas de poder ver a Sophia aunque fuese unos instantes antes de que la noche acabase, pero nos encontrábamos en lugares muy distantes el uno del otro. Recorrimos el corto tramo de la cocina antes de abrir la puerta a una noche densa en oscuridad y portadora de un frio gélido. Nos adentramos en las sombras, en lo que podía presentarse como un escenario perfecto para una aparición demoniaca. Samuel aparentaba unan valentía que no poseía, sus manos agarrotadas lo delataron. Ava

