Martín:
Había pasado toda la noche adolorido pensé que mis heridas sanarían rápido pero para mi sorpresa lucían peor, desde el día en el que ví al Sr Joaquín me empezaron a doler, en la madrugada no aguante y observe el vendaje lucían gelatinosas, olían a carne descompuesta y tenían algo de pus. Opte por echarles agua ardiente era el único alcohol que tenia a la mano, no podía arriesgarme a volver a un hospital y tampoco podía acceder a una farmacia, no tenia credencial ni nada que corroborara mi identidad. Tenía que encontrar a la única enfermera que conocía en la ciudad.
Decido dirigirme al suburbio de la calle 52, en internet decía que era un suburbio de casas pequeñas, eran el tipo de casas que compras cuando te acabas de casar. Supongo que no habrá gente a esa hora el vecindario, lo más seguro es que estará desolado, solo tenía que encontrar una casa color caoba. De pronto el bus paro decido dejarle el cambio y baje. La avenida era amplia, había una tintorería, zapatería y una ridícula tienda de flores que desencajaba con el ambiente, se notaba que en la mañana tenia vida pero en la noche era otra la historia. Me adentre unas cuadras más en el barrio, lejos de aquella avenida, cuatro para ser exacto. El paisaje había cambiado ahora solo habían casa pequeñas y de repente apareció aquella casa color caoba que desencajaba con el resto de colores pasteles; sabía que ella estaba en la casa llevaba un par de días observando su rutina, sus días de guardas eran los viernes y hoy era miércoles así que tendría que estar en la casa. Eran las tres, estaba dormida, decidí quedarme detrás de un arbusto, estaba dormitando iba y venía entre el mundo real y el asombroso mundo que se forman en nuestra mente al dormir. Aunque en mi caso podían ser algo escalofriantes. De repente la alarma sonó, me escabullí hacia la parte trasera de la cama y ahí estaba parecía que acaba de salir de la ducha, es una diosa con curvas voluminosas y un increíble pelo rizado que contrasta con sus ojos, me quede contemplándola un par de segundo, quizás un poco más a tal punto que me distrajo de todas las falacias que escupía la televisión
—Concéntrate Martín —me repetí en mi mente tenía que tener clara la misión.
Pasaron como 20 minutos y escuche la puerta del portal abrirse, en eso pensé: "Llego hora". Mi plan era lograr atraparla antes de llegar a la avenida. La observe amarrarse los tenis justo en la entrada y empezó a andar, cargaba su uniforme y solo pensé: "Que clase de persona utiliza su uniforme fuera del trabajo". En eso noto que alguien la seguía, afortunadamente cargaba la capucha y no pudo identificarme, ella seguía corriendo por la calle, acelere el paso, unas cuantas cuadras y estaría perdido pero cuando ya estaba a punto de alcanzarla, caí. Me levante lo mas rápido que pude no podía permitir que se fuera, trate de correr toda velocidad pero ya era tarde, cuando observe ambos nos encontrábamos en la avenida, la morena estaba situada en la esquina solo le faltaba cruzar pero justo cuando pensé que no podía alcanzarla el semáforo cambio a verde,era el turnos de que los autos avanzaran. Me sentí bendecido, afortunado mientras mis piernas se movían a toda velocidad para llegar a mi presa. Cuando le explicara todo sabrá que no soy una persona mala solo con mala suerte. Pero de repente observe que salto sobre la calle los autos y camiones frenaron en seco las, motos se cayeron, la gente la veía conmocionada, sin pensar hice lo mismo aunque casi me atropella una bicicleta, baje las escaleras mecánicas de la estación lo mas rápido que pude, salte el torniquete pero no pude abordar el tren que acaba de llegar, las puertas se cerraron en mi cara. Ahí me quede desesperanzado con bacterias carcomiéndome la carne y observando la cara de Cecilia asustada, pero este no sería el fin. Tenía que volver a intentarlo ella era la única que me podía ayudar.
Las horas pasaron lento recuerdo haber pensado en como la estaría pasando Cecilia supongo que nada bien, pero era algo que tenía que hacer. Al rato sonó mi reloj eras las 8:30pm me acerque a las inmediaciones del hospital con mi amplia capucha negra, con el objetivo que no me vieran las cámaras de seguridad. Observe que el personal de relevo estaba llegando, eso me daban algunos minutos para escabullirme en el callejón situado a solo metros de donde agarraba el bus para ir a su casa. Sabía que pasaría por ahí, después de todo odia el subterráneo espere unos veinte o 30 minutos y a unos metros observo a una muy paranoica Cecilia acercándose a la parada y justo cuando pensó que estaba a salvo la halo hacia mi, la presionó contra la pared y le tapo la boca en un segundo, no tuvo oportunidad de gritar.
—Necesito tu ayuda, te explicare todo después —Mientras me quitaba la capucha.
Ella solo se queda con la boca abierta al ver que era yo. Pero antes de que pueda huir le muestro mis heridas, al observarlas creo que entendió que no le haría daño.
Luego de desinfectar, cerrar y vendar mis heridas de nuevo, pude apreciar su sala, tenia muebles rústicos, algunos parecían muy cómodos acompañados de paredes de colores pasteles y cuadros. Pero hubo uno que me llamo la atención. Era ella en alguna playa de aguas cristalinas arenas blancas y pescadores, quizás el Caribe o el sudeste a******o, me perdí algunos segundos en aquella foto y de pronto me sorprendió en la sala.
—Perdón yo solo.. .—le dije nervioso.
—Fue en Granada yo y toda mi familia nos vinimos cuando apenas tenía 9 años, nos fue difícil acostumbrarnos pero el tiempo dio sus frutos -Sus ojos brillaban recordando aquel paraíso de playas cristalinas y de pronto siguió —¿Qué hay de ti como terminaste allí?.
—Está bien te contare —dije rindiéndome.
Sabía que le debía una explicación, sobre todo luego de perseguirla como un loco en medio de la calle, así que solo decidí decirle la verdad, le repetí la misma historia que le conté al Sr Joaquín pero eso no la dejo tranquila. Seguía insistiendo en saber el porqué escape de la cárcel, tome una silla me prepare mentalmente para revivir todo lo ocurrido.