Interrogatorio

686 Palabras
  narrador:    Había pasado 12 horas en la comisaria, los detectives no paraban de preguntar, el señor creía que iba a pasar toda la noche en ese cuarto frío y oscuro. Se llama Juan, alto, de tez pálida, ojos oscuros y una larga barba canosa que se negaba rasurar. Sus ojos parecían cansados, quizás por las horas sin dormir o por las profundas arrugas que tenía alrededor de los ojos.      El señor contó a la policía que iba a la ciudad a comprar algunas cosas cuando de pronto tuvo que para su auto en plena oscuridad, porque hayo a un hombre a mitad de la calle que se desangraba, al principio pensaba que estaba muerto pero al verlo noto que todavía respiraba; así que lo metió al auto y lo llevo al primer hospital que encontró. Pero antes de llegar a la entrada observo que tenía un misterioso tatuaje de esos que se hacen las pandillas. Fue ahí cuando nuestro bondadoso amigo perdió la calma dejándolo tirado en el hospital. Los detectives no tuvieron mas que creer su historia, no había nada para corroborarla pero tampoco había nada sospechoso. Por ahora el señor Juan quedaba libre, sin embargo tenían que averiguar cómo su sospechoso sabia que ese era un tatuaje de un grupo de pandilleros.    Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, una alarma de alerta sonaba en el hospital, faltaba un paciente. El personal luchaba por conseguir al hombre, los enfermeros corrían, la seguridad revisaba inquieta el edificio, cada esquina, cada cuarto, cada posible escondite fue revisado, las cámaras de seguridad tampoco lograron registrar nada y los altos funcionarios ordenaron el cierre del hospital nadie entraría o saldría de ese laberintos de paredes blancas. Los demás no entendía que pasaba muchos familiares se quejaban, muchos incluso agredían al personal, el ambiente se volvía cada vez más tenso pero no se imaginaban que venía lo peor.     Tres hombres armados aparecieron en la entrada del hospital, al parecer también estaban buscando al paciente desaparecido. Proclamaron la toma del hospital, colocaron a todos los pacientes en el segundo piso, y prosiguieron a registrar el edificio pero al igual que la policía o el personal estos sicarios no lograron conseguirlo. Mientras sucedía todo esto, una de las enfermeras corría por los pasillos nuestro lector pensaría que era por los sicarios pero no, simplemente corrió hasta donde su mente la trajo, tenía una leve corazonada, observo la puerta de la habitación entre abierta, la luz apagada se dispuso a pasar al entrar lo primero que observo fue la cama vacía, las intravenosas estaban chorreando en la cama, la ventana estaba rota y las sabanas no estaban. Su sospecha había sido confirmada.      Observaremos luego que la policía dejaría la habitación intacta para ver si el sujeto había dejado alguna pista, solo encontrarían una dirección escrita en la cabecera de la cama. Pero volvamos al presente, la enfermera ya sabía de quien se trataba, pero también estaba consciente de que no podía hacer nada mientras esos sujetos siguieran dentro del recinto, decidió irse al segundo piso donde estaban los pacientes, familiares y el personal antes de que alguno de los sicarios la encontrara. Al llegar lo primero que observo fue a mujeres y hombres en el suelo, dos hombres apuntando contra aquellas personas mientras hablaban que no pudieron encontrar al sujeto. El tercer hombre estaba en el área de farmacia buscando algunas drogas. Cecilia se acerco lento y silenciosamente trato que no la vieran pero era tarde: —¡Ey tu!¿Qué estas intentando?  —preguntando con vos autoritaria. —Yo... yo —Balbuceo la chica sin saber qué hacer. La mujer de los ojos verdes empezó a sudar, su nerviosismo era evidente  —¡Vamos colócate junto a los demás y no intentes comportarte como una perra! ¿entendiste? —Frunciendo el seño mientras apuntaba el arma contra la mujer.     Cecilia no decía nada no podía, solo se coloco junto a los otros, mientras rezaba porque esto terminara rápido. Sin embargo no pudo dejar pasar que los sujetos tenían el mismo tatuaje que Martín, un ojo con 5 dígitos. Era él, el paciente de la habitación 206, había escapado...
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