AMBER
Entre a la habitación donde estaba Pepe, él ya estaba despierto con la vista en el techo.
-Hola, ¿cómo te sientes?
-Mejor… lo siento.
Se acomoda un poco en la cama y voltea a verme.
-¿Por qué te disculpas exactamente? Por celar a tu esposa que no recordabas o que fingías no recordar.
Lo dije con más amargura de la que pretendía.
-Lo siento, no tengo derecho a enojarme, yo solo soy quien te rescató.
-Eres más que eso.
-Mira Guiseppe, no soy tonta de acuerdo, tienes tu mujer, lo entiendo, recuperaste la memoria, perfecto, pero no me manipules solo porque sabes que… ¿Sabes qué? Mejor olvídalo, yo solo quería saber como estabas, ya lo supe, y ya me voy.
Me toma de la muñeca.
-No, espera. Yo se que es confuso y que te hago daño, pero yo también estoy mal, estoy confundido, ni siquiera sé como voy a reaccionar cuando la vea, solo sé, que cuando lo veo a él algo se remueve en mi estómago. Por favor, voy a respetarte pero… no te alejes. En este momento tu eres mi tierra firme.
Cuando dijo eso, no pude evitar soltar las lagrimas que tenia retenidas, tapo mi rostro con mis manos porque no quiero que me vea llorar, y siento como se mueve para abrazarme. Nos quedamos así unos minutos. Nos separamos cuando escuchamos la puerta.
-Disculpen, vengo a hacer la última revisión para dar el visto bueno para el alta.
Nos separamos, el Dr. lo revisa y le da las indicaciones y el visto bueno para viajar. Yo salgo de la habitación para que se vista y nos encontramos con Giancarlo y Dante. Nos informan que nos iremos directo al aeropuerto pues en Italia nos esperan. Pepe se va acostar al camerino del fondo ya que las medicinas que le recetaron le dan un poco de sueño y yo me siento en una silla, cerca de una ventana, a los minutos siento que Gian se sienta a mi lado.
-Esto será difícil para todos, no lo culpo, estoy seguro que él también la esta pasando mal, solo debemos tener paciencia, se que yo no soy la mata de la tranquilidad…pero hay que hacer un esfuerzo.
-Duele… yo entiendo que él esta en una situación muy… jodida, pero eso no hace que duela menos. Yo en verdad… me enamore, yo en verdad lo amo.
Los dos nos miramos y dimos un suspiro.
-Yo intentaré estar a su lado, pero si esto me resulta demasiado doloroso… quiero pedirte un favor.
-Pídeme lo que quieras.
-Si resulta que la escoge a ella, ¿podrías ayudarme a irme lejos?
-Eso no pasará, aunque la escoja, esta vez no pienso dejarla sin pelear, ya pasé mi periodo de resignación, pero si, si te resulta demasiado doloroso o él en definitiva no quiere estar contigo, yo te ayudaré.
-Gracias Gian, no hemos hablado mucho, pero siento que eres el único en quien puedo confiar.
-Se lo debo a tu papá, aunque en verdad me agradas, te veo como una hermana menor que tengo que proteger.
Me apreta la mano en señal de apoyo y se recuesta para dormir un poco y yo hago lo mismo.
REBECCA
-Becca por favor ¿Puedes dejar de dar vueltas?, ese pobre niño debe estar mareado.
-Stai zitta (Callate) no ves que tengo los nervios de punta.
-Yo se cariño pero así no resolverás nada.
Tomo el teléfono y llamo a Danielle de nuevo.
-Becca, calmate hija, eso le hace daño al bebé.
-Recuérdame la hora.
-Llegan en una hora.
-Bien, llegamos al aeropuerto en 45 min, así que ven a buscarme. Antes de que vea a mis hijos tengo que verlo yo primero.
-Oye, no es buena idea.
-¡ME IMPORTA UN MIERDA SI ES BUENA IDEA, ME LLEVAS TU O ME VOY SOLA, TU DECIDES?
-Esta bien Rebecca, yo te llevo, espérame ahí.
-Gracias y… perdón, estoy muy…
-Tranquila, yo entiendo.
Me fue a buscar y llegamos justo a tiempo para ver aterrizar el avión. Estaba parada frente a este, esperando que abrieran las puertas, mi corazón latía a mil por hora y hasta mi hijo estaba con si fuese una licuadora. Empezó a abrirse las compuertas y mi corazón por un segundo se paralizó y luego comenzó su galopé retumbando en mis oídos.
NARRADOR
Todos estaban en tensión, tanto las dos personas que veían fijamente el avión desde afuera, como las tres personas que estaban dentro del mismo. Cuatro corazones latían como si fuese un carrera de caballos y los nervios estaban a flor de piel. Las puertas se abrieron y el primero en bajar fue Giancarlo, verla ahí solo significaba que no pudo aguantar las ganas de esperar para verlo. Los siguientes en bajar fueron Amber y Dante. La presencia de la chica de las fotos desconcertó un poco a Rebecca.
Finalmente el último en bajar fue Pepe. Rebecca lo veía y no lo podía creer, la culpa, junto con el alivio que en verdad estuviese vivo se entremezclaban en su corazón, y mientras ella era incapaz de moverse y de dejar de derramar lágrimas Guiseppe iba bajando lentamente sin quitarle la vista de sus ojos. Pepe terminó las escaleras y se acercó un poco a ella se quedó unos segundos viendo su abultado vientre y una mirada de decepción y dolor cruzó por sus ojos. Gian también se movió tratando de interponerse entre ello y Amber solo veía con dolor la forma en que los tres de alguna forma estaban conectados entre sí.
De repente Rebecca hizo un gesto de dolor, sostuvo su vientre y comenzó a entrar en pánico, su pantalón se teñía de rojo y todo se volvió un caos, las miradas de terror de todos los presenten no se hicieron esperar, solo Amber junto con Dante fueron capaces de reaccionar oportunamente, mientras Giancarlo la sostenía en sus brazos y gritaba de forma desesperada.
-NO AMORE, NO ME HAGAS ESTO OTRA VEZ, NO, QUEDATE CONMIGO, RESISTE AMOR, RESISTE. DOVE CAZZO STA QUESTA AMBULANZA DI MERDA.
Pepe seguía sin reaccionar hasta que escuchó las sirenas y empezó a ayudar a Giancarlo y Daniele llamaba al hospital para que recibieran a Rebecca de inmediato.
Nada pasó como se esperaba, mientras Rebecca iba en la ambulancia rezando para que su hijo estuviera bien, Giancarlo iba a su lado recordándole lo fuerte y maravillosa que era, que iba a lograrlo cómo ha logrado todo en su vida.
En el auto detrás de la ambulancia iban Dante, Daniele, Pepe y Amber en total silencio, cada uno rezando que tanto Rebecca como el bebé, llegaran a tiempo a su destino.