A veces es difícil entender que la vida se trata de momentos, algunos buenos otros no tanto, otros nos destrozan el alma, pero como si quisiera que mantuviéramos la esperanza nos da a probar instantes de felicidad. Escucho las sirenas de la ambulancia, un hombre me habla, creo que trata de decir que me está pasando, pero mi vista está en ese pequeño monitor, observo como sube y baja mi ritmo cardiaco, supongo que estoy a salvo pero siento que sigo prisionera de mi mente. Veo la luz del sol, mis ojos arden, trato de cubrirme, me están ingresando al hospital, muchas personas han venido a verme, al menos es lo que alcanzo a escuchar. -¡Fiorella!- un grito que hizo que me estremeciera, esa voz era conocida, mi alma reaccionó, ahora solo quería encontrar el dueño. Un largo pasillo, luces

