(A partir de ahora todo estará narrado por Aina/Margo)
Sin duda alguna la cague a lo grande regla número uno, cariño no confíes en nadie ni siquiera en tú puta sombra regla número tres, nunca te quedes más de dos días en él mismo lugar, regla número cuatro, no dejes evidencia alguna ni cabello, ni huellas dactilares pero sin importar las demás reglas jamás en la puta vida de mierda qué llevas en especial si eres una asesina a sueldo, narcotraficante y exportadora de armas ilegales no te enamores por qué desearás salvar la vida del otro antes qué la tuya.
Y ahí estás jodida, bien llevó años investigando a los De Rosa, más de diez mil hombres en cada punta de la casa. Tenemos a Felipo Rodríguez un adicto a los esteroides, también conocido como muela carne es un puto cabron con buenos puños.
Pero sin importar mi experiencia, él único qué me importa es él maldito Cecilio Ferrari De La Rosa ése hijo de puta mató a toda mi familia. Todavía puedo escuchar los disparos en mi cabeza, la sangre coagulada de mi madre al ir a la morgue con tan solo dieciocho años me sentí tan triste y llena de ira.
Al año entrené con mi tío Demir otro maldito cabron qué sin dudarlo te mataría en tan sólo tres años ya había matado a más de diez mil hombres a sangre fría. ¿qué era lo qué me convertía en la puta ama?, mi belleza los hipnotiza soy cómo una serpiente mirando sigilosamente a su presa y cuándo estoy segura saltó y los tragó de un bocado. Ese era mi jodido plan seré la mujer narcotraficante qué busca una alianza, la mujer joven, inteligente, sexy y sobretodo cautelosa nadie tiene qué saber mi verdadera identidad.
Mi nombre ahora es Margo la niña tierna universitaria qué trabaja en un lindo bar en la Toscana Italiana, la buena estudiante. Pero en realidad era otra mi vida, soy Margo Lee universitaria de día y una jodida sicaria, narcotraficante de noche.
Era cómo una maldita espía pero hacia cosas ilegales.
Número de transferencia 066567890.
Nombre completo:Guzmán Fernández.
Edad:50 años
Ocupación: Vendedor y transportista de piedras preciosas.
Color de ojos: Verde Esmeralda
Color de Cabello: Pelinegro
Ubicación actual: Siena bar privado "La Rosa Nera"
En cinco minutos llegó.
—¿Estas lista, Margo?—habló Demir con la mitad de su cigarrillo acabar.
Frunci él ceño y tomé las cuchillas guardandolas en mis tobillos de manera tranquila. En mi cartera tenía un la Jericho 941 ha tenido una gran aceptación por parte de todos los tiradores es perfecta para mi.
—Damian siempre estoy lista bien hay qué trabajar.—respondí seria.
El y yo habíamos decidido no usar nuestros nombres y apellidos reales por protección contra los enemigos de mi padre.
Solamente llevaba un arma y algunos de mis cuchillos por si los necesita. Pero realmente tienen qué tenerles miedo a Eina Polanski sin armas juro qué puedo ser una hija de puta.
Salí del departamento lista tenía un vestido n***o con escote en V en la espalda él cabello recogido con una peluca rubia oscura.
Un taxi me llevó al lugar tenía un GPS en las costillas por si llegara a pasar algo.
Pasaron unos veinte minutos para llegar al bar. Tenía una tarjeta de color azul marino con letras doradas.
Simplemente sonreí y me arrastró hacía un asiento desocupado, tomé mi labial rojo mientras me retocaba el maquillaje por él espejo miré a Guzmán Fernández.
—¡Hola!—escuché su voz.
¡Bingo!.
—¡Hola es un placer!— contesté sonriendo.
Él me examinó y luego me di cuenta de qué me aprobó.
—¿Trabajas aquí?—preguntó curioso, pensaba qué era una prostituta.
Sonreí y tomé su mano.
—¡Claro cariño!—exclamó
Fue demasiado fácil.
—Bien quiero qué bailes para mi en privado.—era un hombre asqueroso.
Mano larga y demasiado grosero.
—Quédate quieto
observame mientras me muevo. Querido mírame fijamente—sonreí internamente
Dos millones de euros por matar a éste imbécil ¿Increíble no?.
Fuimos a una habitación azul neón. Fui bajando lentamente mi vestido mientras tanto recordé los cuchillos, entonces pensé en subirme encima.
—Me gusta así, sentir tú coño contra mi.—murmuró
Suspiró por sus hombros y tomó uno de mis cuchillos.
—¡Ni siquiera cosquilleo siento, cerdo!—grité clavandole un cuchillo.
Él empezó a desangrar.
—¿Quién te mando?—vocifero
Trague saliva
—Me pagan por matar no por ser una soplona.—respondí felizmente.
Tome mi cuchillo, pero unos hombres me rodearon.
—¡Bien hecho, pequeña!—escuché la voz de un hombre.
No podía creerlo era él asesino de mi familia.