VEINTIOCHO —Atenlos firmemente —ordenó Baetan—. Mañana se los entregaremos a los nórdicos. Un príncipe de Fidach y su novia serán el regalo perfecto para concretar una alianza. Luego aplastaremos al ejército mestizo de Alba y Fidach y completar nuestra conquista —Baetan se acercó a Melcorka y le dio una bofetada justo en la boca—. Quizás los usen como esclavos, o tal vez hagan un águila sangrienta en sus espaldas. —Le diste la espalda a tu propia gente —Melcorka sintió la sangre recorrer la orilla de su boca. —Los Isleños son mi gente —Baetan la bofeteó de nuevo—. Asegúrense que esta esté asegurada y manténganla lejos de su espada —le dio una tercera bofetada—. Ahora es mi espada. —Tú no te mereces la espada de Calgacus —Melcorka intentó tragarse la sangre acumulada en su boca. Baetan

