Entre a casa y dejé mis cosas en el lugar de costumbre, me quite los zapatos a medio camino y los tome en las manos, hasta llegar a la sala.
— Hola. — Saludé mientras me sentaba en el sofá a un lado de Aarón, subí los pies a la mesa de centro y me acomode, no estaba cansada, tenía energía para correr un maratón pero, era como estar en casa.
— Hola ¿cómo estuvo tu día? — Pregunto casi sin mirarme, sostenía el mando del televisor, buscando algo para ver.
— Bien, relajado, sin mi jefe.
Sentía una tensión entre nosotros, el silencio era incómodo, es claro que el tema de ayer aún no estaba olvidado.
— ¿Quieres ver una película?
— Claro, escoge, me pondré cómoda y regreso. — Tomé mis zapatos y de un brinco me levanté del sofá.
Revise mi closet y estaba lleno de ropa nueva, moderna, emocionada tomé algunas cosas y me las coloque por encima, cómo si las tuviera puestas, busque una pijama, y en su mayoría era lencería, tomé una bata de seda roja, con la parte de atrás en encaje, dejaba mi trasero expuesto, sin duda era sexy, estoy usando solo una tanga así que Aaron tendrá una vista perfecta de mis nalgas, sintiéndome traviesa, salí de la habitación y fui hasta el sofá donde me esperaba.
— ¿Escogiste algo?
— Si, ¿ te parece en busca de la felicidad?
— Oh! claro, pensé que veríamos algo nuevo, pero esa es linda.
— ¿Quieres palomitas?
— Si, yo voy por ellas. — Aún sin hambre me levanté coqueta y camine a la cocina moviendo mis caderas con sensualidad, una vez listas las puse en un bowl y lo lleve a la sala, me incline para ponerlo en la mesa de centro, exhibiendo mi trasero directamente en su rostro.
— Carajo, que bien se ve.
— ¿Dijiste algo?
— No, ¿vemos la película?
Juraría que lo escuché hablar.
Me acomode en el sofá, subí los pies a sus piernas y recargue la cabeza en el posa brazos, mientras disfrutábamos de la película.
— Que idiota ¿porque lo hizo?
— Lo siento no te escuché ¿que dijiste?
— ¿Que, no nada, no hable?
Creo que me estoy volviendo loca, podría jurar que en dos ocasiones lo escuché hablar.
Me acomode sobre mi brazo, permitiendole ver mi trasero y lo observe, quería ver su reacción, al verme tan expuesta para el.
— Otra vez lo hizo, muero por poner mis manos en su trasero.
Mi boca se abrió, está vez estoy segura de haberlo escuchado, pero no lo ví mover los labios, definitivamente si me estoy volviendo loca, esto tiene que ser un mal sueño.
— Que suave está su piel.
Su mano acaricio una de mis piernas, su mirada estaba fija en la televisión, sus labios no se movieron.
— Voy al baño.
Corrí hasta el baño y me encerré, me senté en la tasa sin entender lo que estaba pasando, cubrí mi rostro con mis manos e intente alejarme de todo.
— ¡Carajo¡ — Grite e inmediatamente cubrí mi boca, al ver a Lucifer frente a mi. — ¿Que haces aquí?
— Te escuché llamarme.
— No te llamé.
— Lo hiciste, mi nombre está en tu cabecita, cada vez que lo pienses me estás llamando.
— ¿Que me está pasando? ¿estoy segura que escuché a mi esposo hablar pero el ni siquiera movío los labios.
— Estás escuchando sus pensamientos.
— Está mañana eso no me pasaba.
— Sucede cada vez que tienes un trabajo, es tu forma de encontrar a mi demonio, puedes escuchar los pensamientos de las personas, cuando lo capturas, tu poder desaparecerá.
— ¿Cómo sabré cuando lo encuentre?
— Te darás cuenta, tu poder te avisará, tienes el pergamino, todo está ahí.
Se marchó de la misma forma en la que aparece, sin decir nada, en un segundo, desaparece.
Me mire al espejo y sintiendome una cobarde fui a la cama y me cubrí de pies a cabeza con las sábanas, no sentía sueño, solo quería la tranquilidad y la obscuridad que me proporcionaba mi fuerte de mantas, no quiero escuchar lo que hay en su mente, no ahora, no soy capaz de asimilar tantas cosas, por la mañana pensaba que todo había Sido un sueño, pero el viene y me confirma que todo es real, me deja un papel con el nombre de un demonio al que tengo que buscar y atrapar, con un poder que no tengo idea como funciona, solo se que me hace escuchar lo que hay en la mente de las personas y eso me aterra, estar en la mente de alguien, conocer sus secretos, cerré los ojos e intente dejar de pensar, mi cuerpo nuevamente entrando en calor, buscando placer y liberación, la imagen de Lucifer viene a mi mente, recordar que un día me masturbe pensando en el, no puedo, la culpa me mata, no es que le haya Sido infiel a mi esposo, pero se que no está bien, no está bien de ninguna forma, maldita sea es el diablo, me masturbe pensando en un hombre que no es mi esposo y como si eso no fuera suficiente es el día lo, rey del infierno o como sea.
Me niego a darle a mi cuerpo lo que pide.
Sentí la cama hundirse.
— Ya no regresaste, termine la película sin ti.
— Lo lamento, me sentí un poco mal del estómago y quise recostarme un rato. — Asome mi rostro entre las sábanas.
— Está bien descansa, muero de sueño. — Se acercó y beso mi frente, para después recostarse a mi lado.
En cuestión de segundos estaba dormido y roncando, me di mil vueltas en la cama intentando dormir pero fue imposible, comencé a escuchar voces, provenientes de la mente de Aarón, son sus sueños, cubrí mis oídos pero eso no evitaba que los escuchará, así que me aleje, fui a la sala y me recosté en el sofá, disfrutando el silencio.