—¿Puedes dejarme en paz?, ¡no voy a decirte nada! —quejó mi hermano, mientras que yo estaba encima suyo, tratando de sacarle información—. Prefiero la muerte. —Deja de decir estupideces —gruñí—. Contesta de una vez, ¿eres cómplice de Theodore?, ¿En realidad tu no fuiste a esa fiesta?, confiesa —lo agarré del cuello sin tanta fuerza, pero él no parecía molesto al respecto, antes estaba divertido. —¿Por qué te importa tanto?, no es mi problema —bufó. —Esta mañana mentiste. ¿Por qué hablaste como si no hubieses estado?, ¿Lo invitaste solo para que él entrara en la universidad?, ¿Por qué? —lo miré fijamente. —¿Que?, ¿Te volviste loca?, ¡Auxilio me matan! —gritó dramático, mientras que yo estaba a nada de darle un puño. Sabía que él estaba confabulado o de otro modo, Theo no lo habría

