Estaba demasiado impaciente, necesitaba liberar toda la frustración que sentía y aquel niño, demasiado joven para tener un trabajo, no traía su auto. El lugar estaba repleto de prensa, periodistas de diferentes medios entraban y salían, demasiados fotógrafos rodeaban la manzana, si hubiese llorado allí, de seguro, habrían inventado todo tipo de historias. Caminaba de un lado a otro de aquel inmenso hall esperando al inexperto valet parking cuando sintió que la llamaban. -¿Ya te vas?- dijo la voz de Juan Manuel desde la puerta aún abierta con gesto de sorprendido. Ana no quería voltear al mirarlo, no creía poder soportarlo. -Tengo cosas que hacer.- le respondió moviendo sus manos con impaciencia. -Pensé que podías quedarte un rato, tomar un café, no sé, charlar.- le dijo Juan Manue

