-¡No puedo creer que Mariano te había preguntado dónde estaría!- dijo Rosa con indignación. Era un nuevo jueves con scones perfectos sobre la mesa y las mujeres comentaban lo escrito hasta ese entonces por Ana. -No creo que haya resultado tan mal ¿Verdad? – le preguntó Ana apretando los labios como si estuviera algo arrepentida. Rosa negó con su cabeza y su vista se perdió en el horizonte por un rato. -Siempre creí que había sido el destino... - dijo luego de aquella larga pausa. -No es que me arrepienta.- agregó rápidamente, como si hubiera dicho algo que no debía. -Mariano siempre fue un caballero, respetuoso y amable. Me hizo sentir muy querida y me dio a mi hijo, que es lo que más amo en el mundo. - dijo con algo de emoción en su voz. Sus amigas la miraron y supieron de in

