La confirmación del médico aceleró un poco las decisiones. Rosa invitó a Mariano a casa de sus padres y, como supuso, los conquistó con sus primeras tres palabras. Pasaron una noche agradable y cuando se despedían Rosa lo invitó a dar un paseo a pie. -Es una hermosa noche, ¿te gustaría que salgamos a caminar?- le preguntó con ese tono dulce que sólo utilizaba cuando estaba a su lado. Con Mariano todo era armonía y cariño. Siempre le decía cosas lindas, la acariciaba con dulzura y le sonreía con ternura. Rosa disfrutaba el tiempo a su lado, era un espacio seguro y sin embargo, aún había algo dentro de ella que no le permitía ser plenamente feliz. -Tengo que contarte algo, Marian.- le dijo deteniendo su paso para tomar asiento en la banca de una plaza a unas cuadras de su casa. -Deci

