CAPÍTULO: La Noche en Silencio La noche envolvía la habitación como una caricia tibia y espesa, pero Aitana no lograba rendirse al sueño. Estaba completamente desvelada, con el alma hecha un nudo que ni el silencio lograba desatar. Seguía recostada sobre las sábanas, con el cabello suelto y enredado sobre la almohada, los pies fríos pese a la manta de lana que cubría sus piernas. La tenue luz de la luna se colaba entre los pliegues de la cortina, dibujando líneas plateadas sobre el piso de piedra, como dedos de plata que tocaban su alma inquieta. La ventana entreabierta dejaba entrar el murmullo del viento, que se deslizaba como un suspiro por la piedra antigua del castillo. No podía dormir y no quería tampoco. Giró hacia un lado, luego hacia el otro. El silencio era tan denso como el a

