Capítulo – Las Letras de la Luna El amanecer había llegado suave y sin apuro, como si el cielo quisiera regalarle a Draverna una tregua de paz. Los ventanales del ala este del castillo dejaban pasar los primeros haces de luz, dorando los pisos pulidos y acariciando las alfombras como si se tratara de un gesto maternal. Era el día que marcaría un antes y un después para las tres . El inicio de algo tan simple, y a la vez tan profundo como aprender a leer y escribir. Daria fue la primera en entrar al dormitorio de las muchachas. Llevaba una bandeja de madera con tazas humeantes de café con leche, pan dulce recién horneado y un pequeño ramillete de flores silvestres recogidas al amanecer. —Buenos días, mis niñas. Hoy es un gran día —dijo, su voz temblando de emoción. Aitana se sentó

