Capítulo: Juramentos Bajo la Luna Valeria no se movió de donde estaba. Ya sabía que él la había visto y escuchado al final. Esta vez no se escondió. Ya no sentía miedo… sino prudencia. Lo había sentido apenas él cruzó la puerta del orfanato con el gobernador. Ese no era el Rey para ella,ese hombre… era su compañero. Su loba lo supo apenas lo vio bajar del auto. Antes de que ella pudiera reaccionar, un temblor le recorrió la espalda y la vieja advertencia de su madre le golpeó los huesos como un eco lejano: —Nunca dejes que sepan lo que eres. En este Reino no puedes confiar en nadie. Ella no confió en nadie en el orfanato y cuando vio cómo trataban a esas tres lobas, no se animó ni a acercarse a ellas. Seguro recibiría el mismo castigo. Por eso no hablaba, por eso asentía a todo

