-Hola. -Hola. -¿Cómo estás?- mordí mi labio inferior. -Bien, ¿y tú? -Bien también. Silencio. Me dolía esta conversación, nunca nos habíamos comunicado de esta manera. -Ayer te llamé y me contestó alguien más, no quería interrumpirte. -Sí, me dijeron. ¿Qué pasa? Ugh, ¿por qué es tan difícil hablar? -Yo… uh- sólo dilo -. Te extraño, Dylan. Silencio de regreso. Podía escuchar mi propia respiración y el reloj en mi mesita contaba los segundos, que en ese momento eran eternos. -¿Qué es lo que quieres, Maddie? -¿Qué?- fruncí mi ceño al tener esa respuesta inesperada. -No puedo leer tu mente, Maddie. Necesito saber qué es lo que quieres de mí, no sé qué parte de mí quieres, mi amistad, mi atención, mi hombro para llorar, mis cumplidos, mis abrazos o…- Apreté mis labios con fuerza pa

