Estaba parado delante de la puerta buscando en los bolsillos la llave cuando escuchó pasos detrás de él, se giró asustado. —Tranquilo, te he visto desde casa dando tumbos por el caminito de tú jardín y he pensado que no ibas muy bien. —¡Joder Lily!, que susto me has ‘pegao’, pensaba que sería un ladrón o algo. —Tranquilo, aquí no pasa nunca nada, es una zona muy segura. Alan se tambaleaba delante de ella con las llaves en la mano. Miraba como al contraluz de la calle se le transparentaba la camiseta viéndole unas diminutas bragas. —Lily, tengo un problema, no encuentro las llaves de mi casa. Ella le miraba aguantándose la risa, por la cara y la voz de borrachuzo. Le cogió las llaves de la mano y le pasó un brazo por la cintura sujetándolo, él se lo pasó por los hombros. Lily abría la

