Capítulo 25 Era ya bien entrada la noche cuando Lucia permitió a sus sirvientas entrar en su habitación. No había sido fácil borrar de la cara los rastros de la rabia y de las lágrimas pero lo había conseguido. Ahora estaba tranquila y relajada. Y preparada para ver a los otros nobles en la fiesta. La gamurra verde que las sirvientas habían preparado habrían hecho justicia a su belleza y habrían concedido poco espacio a la imaginación y a la fantasía masculina. El escote habría hablado por sus senos. Hizo guardar el espléndido vestido y se decidió por un traje de raso blanco, mucho más púdico, aunque menos elegante, con las mangas largas y atadas a los brazos por lazos entrelazados, el cuello abotonado hasta debajo del mentón. Mientras dos sirvientas la ayudaban a ponerse el complicado t

