Capítulo 16 La fortuna ayuda a los audaces (Niccolò Machiavelli) La Rocca di Mondavio, con su majestuosidad, infundía temor ya desde muchas leguas de distancia a cualquiera que se acercase desde el valle del Cesano. Andrea y Gesualdo se habían permitido una pequeña parada restauradora en Montalboddo y enseguida habían continuado su camino, escalando la colina de Corinaldo, sin acercarse demasiado a la población, para volver a descender en el valle del Cesano e ir directamente a la Rocca di Mondavio. El Duca della Rovere los esperaba en media hora y no era cuestión de llegar tarde. ¡Vana la esperanza de ser acogidos a mesa puesta! Los centinelas hicieron desmontar de los caballos a los dos amigos en las cercanías del puente levadizo y guardaron sus cabalgaduras en los establos. Luego, un

