Capítulo 5 (Confía en ti)

1990 Palabras
6:00 de la mañana. La estrepitas voz de mi madre retumban en mi alcoba, al primer grito mi cuerpo reacciona, pero mis ojos se niegan a abrirse. Su voz cada vez se escucha más cerca y más ruidosa que hacen dolerme la cabeza. Tomo las sabanas y me cubro la cabeza. Al entrar a mi espacio personal grita con más fuerza. — ¡Winter!, ¡Levántate! —con fuerza despoja las sábanas de mi cuerpo. Ignoro sus llamados, mantengo mis ojos cerrados, pero al decimo llamado los abro al sentir la furia en su voz. —Winter, tu profesor llegará en un ahora y tú no te has bañado. Sin reprochar abro lo ojos encontrándome con el rostro molesto de mi madre; de inmediato me toma de la mano y me jala hacia el baño. —Báñate mientras yo elijo tu vestimenta. Con pereza me encamino al cubículo. La baja temperatura del agua hace que el sueño desaparezca y rápidamente me termino de bañar. Al terminar de lavar mi boca, salgo envuelta en una toalla y me encuentro a mi madre poniendo un vestido color vainilla repleto de pequeños girasoles en el corse sobre mi cama. Después de una batallosa guerra vistiéndome, por último, cepillo mis largos y castaños fibras de cabello. Madre me ayuda a peinarme, hace una larga trenza y como adorno, enreda un listón amarrillo en él. Por último, pongo un poco de humectante en mis labios y bajo junto a mi madre para recibir al extraño profesor Rouxel. Papá se encargó de arreglar y amueblar una alcoba para convertirlo en un estudio, ahí tomaré mis clases personales con el profesor Gareth. Entro a la alcoba junto a mi madre, nos encontramos con mi padre, quien está inspeccionando el estudio; al igual, miro mi nueva escuela. Me sombro por la sencilla y ambiental decoración. Papá y yo tenemos algo en común, es la decoración, a ambos nos gusta lo sencillo y hogareño. Con una sonrisa le agradezco a mi padre. —Winter, hija —su voz capta mi atención —. Tengo fe que a partir de este momento nuestra vida van a cambiar. El profesor Gareth es muy bueno y espero que como buena hija que eres, aprendas todo de él, aprovecha esta oportunidad de oro. Tanto mi madre como mi padre se ven muy emocionados por tener al profesor. Confían mucho en él. El que mis padres sean felices, yo también lo soy. Ellos son mi adoración, si mi papá se siente enfermo, yo también me siento enferma, si mamá llora a mí me duele verla llorar. Ambos están emocionados con el nuevo profesor, ellos esperan que su hija sea exitosa para que pueda hacer mi vida el día en que ellos ya no estén conmigo. Sé que mis padres estarán toda mi vida conmigo, algún día ellos se irán y yo tendré que mantenerme de pie sola, sin ellos. Y aunque me duela, debo prepararme y aprender a cuidar de mí misma. El estudiar medicina es una forma de agradecerles por sus cuidados, por darme una vida sin careces y de ser los grandiosos padres que son. —Si, padre. Aprenderé todo del profesor Rouxel. Además, le pediré consejos para desempeñarme como una futura doctora. —Estoy muy orgulloso de ti mi pequeña. Thomas emprende su acercamiento hacia mí y me envuelve en ese cariñoso abrazo de amor entre padre e hija. Al separarse un poco besa mi frente. —Estudia mucho, hija. Desarróllate. Eso es lo único que te pedimos —cometa mi madre, Margaret. El emotivo momento es interrumpido por la empleada quien anuncia la llegada. —El joven Rouxel ha llegado. Madre se emociona y corre a recibir al extraño joven. Papá de nuevo me mira y con solo esa mirada, de nuevo entiendo su mensaje… Aprovecha esta oportunidad. Asiento con la cabeza y el entiende, sale de la alcoba detrás de madre y yo me quedo ahí a esperar, no tengo el sentimiento de emoción por ir a conocerlo. «Para qué camino si voy a regresar, mejor espero a que el profesor venga», pienso con aburrimiento. Suspiro y me quedo de pie a esperar a que los adultos regresen. Solo pasan dos minutos y el fresco ambiente floral de la mañana, gracias el extenso jardín que cuida mi madre, se contamina de la fresca colonia de hiervas. Un insólito e irreconocible olor invade mis fosas nasales al escuchar la puerta ser abierta. Dejo de mirar mis zapatos y me enfoco en las tres personas que han entrado a la alcoba. Dos de ellos los reconozco al instante, pero el tercero me deja con intriga. Mamá y papá le dan paso al joven hombre para que se pose frente a mí. A tan solo tres metros lejos de mi se nota la diferencia de estatura, él es mucho más grande que yo. Mis marrones ojos hacen contacto con los suyos y de inmediato me tenso ante su presencia. —Buen día, señorita Jerim. Ahí está de nuevo su grotesca voz masculina. —Buen día, señor Roux…—mi voz es interrumpida por el inoportuno levantamiento de su mano frente a mi cara. —No soy señor, aún no me desposo. De ahora en adelante soy tu profesor… El profesor Rouxel. Asiento ante su petición. No lo contradigo porque es mayor que yo; no solo en estatura, también en la edad. No tengo idea de qué edad tiene, pero a simple vista se ve, no es necesario preguntar. —Entiendo, profesor —me disculpo inclinando mi cabeza hacia abajo demostrando mi educación. —Bien, señorita Jerim. Comencemos las clases. Mamá y papá se despiden cordialmente de él y se van dejándonos solos en un raro ambiente para mí. Una atmosfera llena de tención, incomodidad, nerviosismo y sin confianza. Él se posa en su escritorio y yo en el mío enfrente al de él. Frente a mi se encuentra una pizarra y unos gises. El profesor, de su maletín de piel, acomoda sus pertenencias sobre el escritorio y mientras lo hace, yo saco mis apuntes y los lapiceros. —Señorita Jerim. Necesito que el día de hoy usted de la clase —comenta tomándome desprevenida. Mi cuerpo se deja de mover al comprender la oración. Me quedo tiesa ante sus palabras. — ¿Qué? —la duda se escucha en mi cortante e inaudible voz. Como si hubiera dicho un pecado, sus oscuros ojos dejan de mirar las notas en sus hojas y me voltean a ver con sus ojos derramando perplejidad. De inmediato su ancha espalda se endereza y sus manos entrelazan posicionándolas enfrente de él sobre el escritorio, tomando una postura autoritaria. Y con voz clara, fuerte y sin compasión, habla. —Lo dije claramente, señorita Jerim. No lo voy a repetir. Aun desorientada, vuelvo a preguntar. — ¿Ahora? Como si hubiera echado lumbre a la leña, la seriedad en sus rasgos masculinos es notoria. Sus rasgos se tensan por mi pregunta. Sin decir nada, aún, se levanta de su lugar y a pasos lentos se posa enfrente de mi escritorio. Sus manos se apoyan en mi lugar y se inclina para mirarme más de cerca. —Va a dar la clase usted, señorita Jerim —vuelve a repetir. Mi silencio dice todo, él logra captar mi confusión y explica el por qué debo dar la clase. —Necesito saber hasta qué tema aprendió para yo enseñarle a partir de ahí. Al instante comprendo todo y dejo de sentir tensión en mi cuerpo, pero de nuevo me tenso al no recordar el ultimo tema visto en mi antigua escuela, aunque estudie ayer no logro recordarlo ahora. ¿Por qué justo ahora? —Entiendo… Profesor…—es lo único que digo. Él asiente ligeramente con la cabeza, se endereza y regresa a su lugar. Con poca fuerza me levanto de mi asiento y puedo sentir sus oscuros ojos seguirme. «No me ayuda en nada mirándome. Al contrario, me pone más nerviosa», pienso mientras me acerco a la pizarra. Dejo de caminar al mirar el verde objeto frente a mí. —Tome un gis, haga apuntes lo más claro posible y explíquelo. No tarde —su masculina voz me pone más tensa. Es incomodo y me pone de nervios el estar en un ambiente en completo silencio y con una voz masculina completamente ajena. Respiro profundamente y con mi mano temblorosa tomo el gis y lo aprieto. «Recuerda Winter», me animo a recordar. Cierro los ojos y trato de recordar lo que puso mi antiguo profesor en la pizarra. —Estoy esperando, señorita Jerim. Su voz me presiona y entre más presionada menos me concentro. Trato de relajarme. De nuevo cierro y en mis recuerdos recreo la última clase. A mi mente llega el tema y con facilidad comienzo a escribir en la pizarra; poco a poco voy recordando el tema. Al terminar de escribir, dejo el gis y con valentía comienzo a exponer lo aprendido. Miro de frente al impaciente extraño, que ahora es mi profesor. —Termine —digo con una sonrisa dibujada en mi rostro demostrándole lo segura que estoy. —Adelante. Tiene toda mi atención. Respiro hondo para darme más seguridad, inflo mi pecho, corrijo mi postura y miro al intimidante hombre que está sentado. Ignoro la profundidad de su mirada y me concentro en ver su frente. —El último tema visto, es “Tipo de suturas e hilo” —respiro y continuo —. Las suturas absorbibles se utilizan para puntos en mucosa, puntos de afrontamiento subdérmicos o en tejido celular subcutáneo cuando las heridas son muy profundas. Se busca una mejor aproximación de los tejidos, disminución de tensión en los bordes de la piel y cierre de un tercer espacio; estas suturas absorbibles son. Con el dedo le explico la tabla dibujada en la pizarra. —La no absorbible, para saturar se deber usar este tipo de material —paso mi dedo a la siguiente columna —. La seda, el nylon y polipropileno. Su configuración es: en la seda es, multifilamento y en nylon y polipropileno; en ambos es, monofilamento. Respiro con profundidad y prosigo con el tema. Capto toda la atención de profesor Rouxel y Continúo explicando hasta terminar, dejo de hablar y me quedo en mi lugar a esperar su crítica. El profesor deja de mirar la pizarra y de nuevo posa sus oscuros ojos en mi ser. —Es el último tema visto por el profesor Michels. Gracias por su atención. Rouxel asiente ante mi agradecimiento y continuamos con la sesión de preguntas. Con tranquilidad y segura de mi misma respondo cada una de ellas dejando sorprendido al excelente hombre. Después de sus quince preguntas damos por terminando el tema y el hombre se levanta. —Muy bien hecho señorita Jerim. Puede regresar a su lugar. Me inclino en forma de respeto y regreso a mi lugar fascinada de mi misma por lo excelente que expuse el tema. —De acuerdo a lo que ya sabe. Podemos comenzar con los nuevos temas. En ese momento me sentí orgullosa. A pesar de que es un estudio que a mi no me agrada he notado que soy buena en ello, que gracias a los esfuerzos de mis padres y el mío podemos tener el reconocimiento de la familia… Los futuros médicos cirujanos Petrov. Me emociono ante la idea, la felicidad de mis padres. «Debo esforzarme más, si puedo», me animo. Contenta, pongo completamente atención al profesor Rouxel y apunto todo en mis hojas. En breves momento hago preguntas, él las responde como todo un profesional dejando en claro que los títulos que tiene en su nombre son realmente verdaderos. Debo aprender todo de él. Mis amigas han dicho: hay que aprender de los mayores, ellos tienen mayor experiencia y dan los mejores consejos. Espero que el Profesor Gareth Rouxel Meyer me enseñe todo lo posible. Debo aprender de su sabio conocimiento.
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