En su estado de relajación post-coital, los pensamientos prácticos sobre consecuencias o implicaciones futuras simplemente no conseguían establecerse en la consciencia de la princesa Elfa. Era como si su cuerpo y su mente hubieran decidido que este momento de cercanía con Sadrac era demasiado precioso para contaminarlo con análisis o preocupaciones. A diferencia de su esposo, quien yacía a su lado perdido en complejas reflexiones estratégicas que ella desconocía por completo, Brielle había encontrado una serenidad que le permitía solo existir en el presente, saboreando la intimidad que acababan de compartir sin permitir que las dudas del futuro empañaran la perfección de lo que había experimentado en los brazos de Sadrac. «Se sintió tan... correcto», reflexionó Brielle mientras escuchab

