Pero a diferencia de lo que había ocurrido durante la boda de Sadrac y Brielle, donde un elemento había dominado al otro como en una especie de “batalla”, en esta ocasión el fuego y el hielo encontraron un equilibrio perfecto. La cuerda permaneció dividida justo por la mitad: una mitad ardiendo con llamas controladas, la otra brillando con hielo cristalino, pero ambas secciones manteniéndose estables sin que ninguna tratara de dominar a la otra. Los presentes observaron este fenómeno con asombro, reconociendo que estaban presenciando algo que trascendía ceremonias normales y se adentraba en territorio de manifestación mágica genuina. —El equilibrio perfecto —murmuró el oficiante con reverencia—. Los elementos han hablado. Esta unión tiene la bendición tanto del fuego como del hielo. Zel

