95. Una danza de cuerpos y almas-1

953 Palabras

La voz de Zelek se redujo a un susurro profundo, lleno de una intensidad que equilibraba el estoicismo de un príncipe forjado en la disciplina de Pyrion con una vulnerabilidad reservada únicamente para Vera. Sus ojos verdosos, normalmente duros como el acero, ahora ardían con un deseo feroz y reverente a la vez, como si fuera un fuego que se contenía, pero que prometía consumirla con delicadeza muy pronto Vera, quien ahora estaba tendida sobre las sedas y pieles de la enorme cama, lo miró con una sonrisita desafiante. Ella no era una damisela pasiva; era una princesa de Glacialis, endurecida por los vientos helados de su reino, con una fuerza que, aunque jamás igualaría a la de él, al menos podía hacerle frente. En ese instante, sus ojos azules brillaban con una audacia que lo retaba a en

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