Sus palabras llevaban una resolución que había emergido de la comprensión de que no estaba dispuesta a sacrificar la vida de un hijo potencial para satisfacer expectativas dinásticas que consideraba incompatibles con el amor maternal básico. La declaración golpeó a Sadrac como un puñetazo al estómago, creando un nudo en su corazón que rivalizaba con el que había causado en Brielle. La imagen de ella alejándose con un hijo suyo, de perderla para siempre en nombre de pureza dinástica, en donde de Pyrion, era más devastadora de lo que había anticipado. —Tú no te irás a ninguna parte—respondió Sadrac con una intensidad que revelaba cuánto la perspectiva de perderla lo afectaba, a pesar de la lógica que había estado aplicando a consideraciones dinásticas y sobre tener un hijo con ella — ni ta

