Durante esas doce horas, había canalizado más poder de hielo élfico como nunca antes, empujando sus habilidades hasta límites que no sabía que existían. Había sido un proceso brutal tanto para ella como para Sadrac, quien había soportado oleadas de dolor durante doce horas con pocos intervalos de descanso, que habrían hecho que la mayoría de los hombres perdieran la consciencia, pero él estaba ahí, fuerte y muy consciente. Sadrac se incorporó con lentitud, moviendo la pierna que había sido el tormento constante de su vida durante dos años completos. Por primera vez desde su herida original en aquella batalla que había definido gran parte de su existencia posterior, no sintió ningún dolor, ninguna rigidez, ningún rastro de las venas negras que habían estado envenenando su sistema como reco

