—¡Brielle! —exclamó el Rey Adair cuando se encontraron, notando que ella tenía los ojos algo hinchados, como si hubiera estado llorando—. ¿Qué ha sucedido? ¿Estás herida? ¿Te hizo algo esa bestia? —preguntó el Rey con mucha preocupación. —Necesito que preparen nuestro carruaje y nuestras pertenencias —declaró Brielle sin preámbulos, con una urgencia que hizo que tanto su padre como su hermano la miraran sintiéndose alarmados—. Nos vamos hoy. Ahora. En la siguiente hora si es posible. El silencio que siguió fue total mientras ambos elfos procesaban esta declaración tan inesperada. A pesar de la tensión en aquella cena que compartieron todos en familia, Brielle había parecido establecida en Pyrion, cómoda con su nueva vida, pero ahora… —¿Irnos? —repitió Dael sintiéndose bastante confundid

