Capítulo 4-Dany

1772 Palabras
Al fin tengo a mi hija en mis brazos, no es de la manera que me hubiera gustado, pero al menos esta aquí. El tener que hacerla dormir, no ha sido de mi agrado, me gustaría que estuviera despierta y me contara cómo esta siendo su corta vida. Se ve tan tranquila dormida, me pregunto si lo es realmente o es un torbellino igual que su madre o si le teme a los aviones al igual que ella. —Señor, estamos por despegar —me avisa uno de mis custodios. Acomodo a Aye en el asiento continuo y le coloco el cinturón de seguridad. Si Lina me hubiera dado una oportunidad, las cosas sería diferentes. Pude entender su miedo en aquel entonces y hasta perdonarlo, pero el no decirme de nuestra hija es algo que carcome por dentro. Todos estos años que me perdí quiero recuperarlos y si debo elegir el camino más complicado y difícil lo haré, mi hija se merece que haga lo tenga que hacer. Al llegar a Estados Unidos me espera una camioneta negra con custodios de Christopher para llevarnos a su encuentro. Sigo con mi niña en brazos, ya que todavía no ha despertado, de todas formas, dudo que la suelte en algún momento cercano. Mi amigo nos espera en jardín de su mansión «rayos, había olvidado lo que se siente tener más de lo posible». —¿Esa es tu niña? Aye, ¿verdad? —me pregunta en cuanto me ve acercarme. —Ella es —contesto sin poder evitar que una sonrisa se muestre en mi rostro—. Gracias por la ayuda. —Te dije que siempre nos íbamos a apoyar sin importar qué, al contrario de esa mujer —esboza con rencor hacia Lina, nunca le gustó y tenía sus razones, aún tiene razón. —Lo sé —digo tomando asiento frente a él, todavía con mi niña dormida en mis brazos. Me doy cuenta que la observa ladeando la cabeza y muestra una sonrisa de costado. Él no tiene hijos, jamás han estado en sus planes, al menos eso era lo último que tenía entendido.  Aye se remueve en mis brazos y abre los ojos, dejando ver esas hermosas pupilas verdes. Se queja en sueños, le chisto para que se calme y no despierte, entonces, ella suspira y sigue durmiendo. —Vas a tener un lindo trabajo allí —se burla Chris. —Probablemente —contesto sonriendo. —Tengo todo lo que me pediste —Se toma un segundo, antes de continuar—. ¿Estás seguro que quieres hacerlo de esta manera? —Ella no me ha dejado otra opción —­digo, mirando a mi hija—. No le perdono el no habérmelo dicho, dudo mucho que algún día lo haga. —He averiguado quién ese tipo con el que está. No sé si es casualidad o causalidad, pero su primo es Ian Russel, un agente del SWAT; vive aquí en Estados Unidos y esta investigando la muerte de mi tío. —Te meto en problemas, ¿verdad? —De todas maneras, Lina va a venir a verme, ella no es tonta y sabe que me pedirás ayuda. Es un problema que tenga tan buenos contactos, pero no voy a dejarte solo. Te ayudaré desde la distancia, aunque no me expondré demasiado, ¿lo entiendes? —Con lo que has hecho hasta el momento es más que suficiente. —El muelle esta todo preparado para que puedas salir de Estados Unidos por agua, tendrás una parada en Hawaii y de allí podrás llegar a Asia —Le agradezco por su ayuda y me dispongo a salir de allí, pero me detiene con una pregunta—. ¿Ella irá contigo? Me giro para mirarlo a los ojos. No es necesario que especifique de quien habla, sé que me pregunta por Lina y, aunque no le agrade la idea de verme con ella de nuevo, entiende que, a pesar del odio o resentimiento que le pueda llegar a tener, siempre la voy a amar. —Eso espero —me limito a responder antes de salir de allí. En cuanto llegamos al muelle, Aye despierta al colocarla sobre una cama que había en una habitación precaria y acondicionada para ella; una cama pequeña, una mesita con dos sillas y una televisión por si quería ver dibujos o lo que sea que ella mire. Me doy cuenta que no la conozco de nada, no sé sus gustos, su pasión, sus dibujos o serie que mira, qué música escucha, absolutamente nada. —Hola —la saludo en voz baja en cuanto la veo despierta mirando a su alrededor un poco desconcertada—. ¿Recuerdas quién soy? —pregunto. Ella entrecierras sus ojitos verdes y hace memoria. —El hombre del helado. Conocías a mis abuelos. Sonrío. —Así es, los conozco desde hace mucho tiempo. Mi nombre es Dany —Le tiendo la mano para que me la estreche y ella lo hace sin pensarlo siquiera. —Un gusto —entona y mira a su alrededor frunciendo el ceño «su madre tiene la misma mirada cuando frunce el ceño, de aquella manera arrugando la nariz»—. ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi mamá? —Estamos en Estados Unidos y tu mamá vendrá pronto a buscarte. Estaremos los tres juntos si ella quiere. ¿Te parece bien? Ella vuelve a fruncir el ceño, puedo verla pensar a gran velocidad, esta confundida y entiendo que lo esté. —¿Alex no vendrá? Tomo una respiración profunda, me molesta horrores que piense en él antes que en mí, pero contesto con calma. —Él no es parte de la familia. —¿Tú eres de la familia? —Lo soy —Aye sigue confundida asique decido decir un poco más—. Yo soy tu padre, Aye. Tu verdadero padre. ¿Tu mamá alguna vez te habló de mí? —Niega con la cabeza y mi vena comienza a hincharse—. ¿Jamás te dijo nada sobre tu padre? ¿Tú nunca le preguntaste? —Nunca me dijo nada, ni siquiera su nombre. Creo que nunca le pregunté tampoco ­responde bajando la cabeza, luego la sube y me mira directo a los ojos—. ¿En verdad eres mi padre? —Lo soy. —¿Y dónde estuviste todo este tiempo? ¿Por qué nunca me llamaste o algo? —Es complicado. Ella resopla. —Es algo que siempre dicen los mayores para no responder con la verdad —refunfuña. Está enfada y de verdad se parece mucho a su madre cuando se enfada. Por alguna razón me hace reír su reclamo. —Estuve lejos, no sabía que habías nacido y cuando me enteré quise conocerte, pero por estar lejos y situaciones difíciles no pude hacerlo… hoy tengo la oportunidad y por eso aquí estoy —mi respuesta no la convence mucho, asique decido cambiar el rumbo de la conversación—. ¿Tienes hambre? ¿Te gustaría comer una rica hamburguesa? En ese momento su estómago hace ruido, sus mejillas se tornan rojas y sonrío. —Sí. Le alcanzo el control remoto y le digo que busque en la televisión algo que quiera ver mientras voy por las hamburguesas. Antes de cruzar la puerta la escucho hablar. —¿Mi mamá vendrá, verdad? —Lo hará, ella jamás te dejaría ­—le prometo. Al salir, cierro y le hago señas a los hombres que tengo en la puerta para que la vigilen, me dirijo hacia la salida del muelle y uno de mis hombres se acerca con noticias. —Ya están aquí —me hace saber. —Bien, primero irán a ver a Christopher, él le dará las instrucciones a Lina para llegar aquí. En cuanto Christopher me avise quiero que suban al bote y se larguen de aquí. —¿Está seguro? No creo que sea buena idea dejarlo solo. —Ustedes deben preparar todo para el viaje —No los quiero acá cuando Lina llegue, ella no debe sentirse amenazada. —¿Pero si no viene sola? ¿Si no hace lo que planeado? —Ella vendrá sola. —¿Cómo lo sabe? —La conozco, lo hará. Le pido a otro de mis hombres que me busquen las hamburguesas y alguna bebida. Quiero hablar con Aye antes de que la madre llegue y quiero que no me tenga miedo, ya bastante desconfiada y desconcertada esta por la situación y debo tratar de hacer que ella confíe en mí. No quiero que las cosas se salgan de control. Mi verdadero reto será Lina. Cuando entro en la habitación Aye está sentada sobre la cama mirando sus manos, el control está junto a ella y la televisión sigue apagada. —¿No has encontrado nada que te guste? ­—pregunto dejando la comida sobre la mesa. —Todo está en inglés —responde. Había olvidado ese detalle. —Lo siento, había olvidado donde estamos. Ven a comer —le pido, pero veo el vacilar en sus ojos—. Juro que solo es comida y que pronto estará tu mamá aquí. Con lentitud se levanta y se acerca a la mesa. Mientras come, me doy cuenta que observa mis tatuajes. Tengo mucha tinta en mi cuerpo, la mayoría me la he hecho en la cárcel. —Tienes muchos tatuajes —esboza. —¿Eso te asusta? —Un poco, algunos se ven lindos, pero otros son medios aterradores. Sonrío, al darme cuenta que cada momento que más paso con ella le noto más actitudes como a su madre. En esta oportunidad, me doy cuenta que no tiene pelos en la lengua al igual que Lina. —Son solo dibujos, no hay que temer de ellos y cada uno tiene un significado para mí. Ella comenzó a señalarme cada uno de ellos, y le expliqué las razones de cada uno. También le mostré el que me había hecho por ella y por su madre. Le conté de a poco, omitiendo detalles que nada lindos para que no sintiera miedo, de cómo conocí a su madre y cuando fue todo aquello. De a poco pude sentir que estaba perdiendo el miedo hacia mí y había un destello de confianza también. Todo iba muy bien hasta que el sensor de movimiento me advirtió que ya no estábamos solos. Le di un poco de jugo a mi hija con una pastilla que la haría dormir. Su madre vendrá enojada y no es algo que quiero que Aye vea. Será difícil, pero tendré la familia que siempre anhelé desde que supe de Aye.
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