Minutos después, cuando los turistas ya estuvieron satisfechos, el grupo siguió su camino. Andaría un poco más por la selva hasta llegar al rústico, que los esperaba en un punto cercano, y luego los trasladaría a un parador turístico donde se encontraba un mirador que ofrecía una hermosa vista de las montañas y del pueblo, así como diversos puestos de comidas, dulces y regalos. Finalmente visitarían una fábrica de vinos, donde conocerían cada uno de los procesos de su elaboración. Pero, como lo habían acordado, David y Jimena se quedaron allí. Él estaba muy familiarizado con la zona. En el pasado había trabajado como guía para la empresa de Elías y podía llegar sin inconvenientes al parador turístico a pie. En ese lugar paraban unos jeeps que servían de transporte público y los tra

