CAPÍTULO 4
—¿Cómo no es posible, cómo no puede serlo, si te amo tanto que duele? ¿Si eres la única mujer en la que puedo pensar? —disimuladamente, tomo un bocanada de aire que infla mis pulmones para regular mi respiración. Soy una actriz metida en el papel que le cuesta interpretar.
—No es correcto —me apuro en decir, deteniendo sus confesiones antes de que termine de decirlas en su totalidad—. Crecimos juntos cómo hermanos, eres menor que yo. No es correcto, Oliver. Olvídalo. No sabes lo que estás diciendo, eres muy joven para emitir una declaración tan fuerte. Todavía no sabes lo que es la vida en sí. Ya se te pasará y verás que es una tontería de la juventud.
—¿Tontería de la juventud, joven para una declaración tan fuerte? No puedo olvidarlo, yo no sólo te amo, te adoro. Eres lo que más deseo en está vida y si tengo que hablar con… Tu padre —suena estrangulado al nombrar a mi padre, como si temiera, pero con el pecho inflado y lleno de valentía da el frente—. Con tu padre, madre, los míos y nuestra familia entera unida, le haré frente a mis sentimientos y les pediré tu mano como mereces. Si tú me dices que aceptas, ni siquiera te pido que me digas que me quieras, porque ese sentimiento debe de crecer en ti mientras yo vaya alimentando mi amor por ti. Lo acepto, acepto que no me quieras y que no sientas lo mismo. Pero por favor, te lo imploro, te lo ruego, dame una oportunidad. Sólo una. Dame la oportunidad de demostrarte todo esto que guardo por ti y te demostraré el amor que nuestros padres le han brindado a nuestras madres. Te amo, Abigail, eres la mujer de mi vida y no tengo dudas al respecto. Me hiere, me lastima y me hierve la sangre que repentinamente te has alejado de mí cómo si tuviese alguna enfermedad contagiosa. Siento tu rechazo, aunque, ¿Sabes qué? Sé que es fingido. Corres a la dirección contraria en la que estoy porque no toleras mi presencia. Eso puede cambiar, sé que si pongo toda mi voluntad, podrás llegar a amarme. No tanto cómo yo te amo a ti, eso no importa, con lo que sea que me des, así sea lo mínimo, lo tomaré feliz.
Observo a mi alrededor asegurándome de que esté en el lugar correcto y no dentro de un psiquiátrico, en dónde me deberían internar como acto misericordioso, porque me estoy volviendo loca. Confirmar que si, esto es una realidad.
Estoy inauditamente estática, no sé cuando se acercó tanto, si fue cuando me estaba dando su declaración, no lo sé. Vuelvo a la vida al sentir sus dedos deslizarse dentro de mi nuca y la entrada de mis cabellos para halarme hacía él como si yo fuera una carga frágil y chocar sus labios contra los míos.
Me quedo paralizada ante lo que es mi primer beso a mis veintitrés, casi veinticuatro años de edad. Él me toma por la cintura y me aprieta despertando en mí nuevas emociones tan intensas que nublan mi raciocinio, tomando mis labios presos en los suyos.
Abro los ojos conmocionada empujando con mis manos en su pecho, interponiendo un espacio personal casi inexistente entre ambos. Es como si lo alentara a apretarme más a su cuerpo, envuelve sus brazos en mi cintura apegándome a él, proporcionando un toque y una cercanía física cómo nunca antes la había tenido. Me derrito en sus brazos y me dejo ser mientras él explora mi boca con su lengua y labios carnosos que actúan como si tuviesen sed, hambre y desesperación de mí.
Sé que está mal… Un momento, ¿Está mal?
Me siento mareada, llevada por el deseo de aquella chispa que sobreexplota en las neuronas de mi ahora deficiente cerebro.
Le permito a Oliver Donovick que explore mi cuello con su caliente lengua, mientras gimo deseando algo que jamás he tenido, pero que sin embargo, anhelo e intuyo conocer.
Gimo al sentir un cosquilleo recorrer desde mi cuerpo hasta vientre bajo, dándome un pinchazo que me debilito. Abro la boca en mi queja y el aprovecha para unir su boca de labios suaves con los míos otra vez, estoy estática, tiesa, hasta que él desliza la yema de sus dedos por mi nuca obligándome a subir la cabeza y dándole entrada a que tenga disposición entera de mis boca.
Nuestras lenguas juegan en un compás armónico y romántico que finalmente me hacen cerrar los ojos así cómo estallar en millones de sentimientos encontrados.
Gimoteo cuando él muerde mi labio inferior con lentitud para seguir besándome cómo si quisiera grabarse a flor de piel la línea de mis labios. Suspiro cabizbaja al separarnos, procesando lo que ha sucedido.
Él sube con sus dedos mi mentón dejándome observar sus brillantes ojos amorosos y es ahí cuando me doy cuenta que no puedo. Cuando puedo oír cómo corazón se rompe en trillones de pedazos como si de vidrio se tratase.
Al separarnos y pronunciar las fuertes palabras en una entonación poco simpática noto que él me observa con preocupación, el brillo que guardan sus labios me demuestran lo que más temo: no miente. No miente cuando dice que está enamorado, no miente cuando dice que… Me ama. Al contrario del dolor que él podría sentir al lastimarnos a ambos, esto no está bien. No puedo dejarme llevar por frágiles sentimientos.
Yo no puedo.
—Yo también… —empiezo a articular en un pequeño murmullo, dejándome llevar por sus condenados besos plasmados en las áreas más débiles de mi cuerpo receptiva. No, está mal. Él va a cumplir apenas veinte años de edad en un mes… Tú cumplirás los veinticuatro en apenas horas. No está bien—. No vuelvas a repetir esto. No se te ocurra —le digo, poniendo distancia entre nosotros, aunque lo que más quisiera es lanzarme a él para volver a reencontrar nuestros labios en la inigualable sensación que jamás podré olvidar, ni en un millón de años—. Olvida esto.
—¿De qué hablas? Si con esto, ya sé que tú correspondes a mis sentimientos.
—¡Sólo olvídalo! —exclamo alterada, alejándome de él como si su toque picara—. Bórralo de tu mente. Esto no está bien.
—Pero…
—¡Eres un niñ0!
—Tengo dieciocho años —dice en voz baja, cómo si quisiera calmarme. Y es que si, estoy fuera de mí misma. Estoy alterada y exasperada porque esto haya pasado.
—Crecimos juntos, esto es inconcebible.
—Ni siquiera somos familia.
—Es como si lo fuéramos ante los ojos de la sociedad. ¿No lo entiendes? Crecimos juntos, a la par. Nuestros padres son los mejores amigos, no hubo temporada de mi vida en dónde no te haya visto. Tú apenas tienes un año en la universidad y yo… Yo ya soy una profesional reconocida, ¿Qué va a decir eso de mí? Tú no eres un hombre, Oliver. No me vas a dar lo que necesito. —Soy dura con mis palabras, porque sé que eso es lo único que le hará alejarse de mí—. Yo necesito a un hombre de verdad, no a un jovencito. Lo tengo todo planeado en mi vida. Quiero un esposo, una familia y tú eso no me lo puedes dar.
—Yo… puedo —dice en un tono tan bajo, cómo si le estuviese lastimando con mis palabras que son como dagas.
—No. No puedes —declaro, sin lugar a dudas—. No puedes y esto —le señalo a él y a mí, alejando más de él físicamente—. No es correcto. ¿Qué crees que van a pensar los demás, has perdido la cabeza? Eres un joven con toda una vida por delante, ¿Vas a sacrificar eso por darme lo que quiero? Sería una locura y yo no estoy tan loca. Tú apenas estás es la etapa de conocer la vida, descubrirte a ti mismo y crecer, yo no puedo intervenir en eso. Estamos en etapas diferentes y eso jamás va a cambiar. Lo que sea que sientes no es amor, sácalo de tu cabeza. Sólo es una tontería digna de un muchacho de tu edad.
—¿Una tontería, es eso lo que piensas que es? ¿Lo que pensará la gente, es eso lo que te preocupa, eso es lo único que te interesa?
—Sí —afirmo, mintiendo. No es esa la realidad absoluta. Por la forma de sus ojos vidriosos sé que le estoy lastimando, sólo espero no ser su primer corazón roto.
—La edad no importa. Algo tan insignificante como un número no puede ser un obstáculo a esto que siento, que es más grande que yo, que es más inmenso que tú y que nosotros dos juntos. ¿Es que no lo entiendes? Yo te amo y te lo demostraré, sólo dame una oportunidad. Una. Te lo ruego, sólo una oportunidad y verás con hechos lo que hoy mi corazón siente por ti. Y no importa, no me interesa si es que tengo que esperarte hasta que pienses que es el tiempo adecuado para nuestro amor.
—Es innecesario agregar que tus sentimientos lamentablemente no son ni de cerca, correspondidos —aquello sale de mi boca con una dificultad impresionante. Quisiera decirle que ambos estamos igual de enamorados… Quién sabe si yo más que él. Si lo digo, sé que su esperanza no morirá, al contrario, es por eso que debo matar toda fe que tenga.
—Eso no importa, los sentimientos crecen, cambian, tengo fe que con el tiempo lograrás aprender a quererme, quizá no de la misma manera en la que yo lo hago pero eso no importa. No importa si no me quieres mientras yo te ame. Sólo dame la oportunidad. Dame una oportunidad y no te arrepentirás, te lo ruego. Ya lo dije y no me retracto, yo te amo. Y quizá te he amado desde el instante en que te vi. No puedo ni recordar cuando empecé a sentir esto, sólo se que lo hago.
—Detente, no sigas.
—Yo…
—Lo lamento mucho, pero lo que me pides no podrá ser. Tú y yo jamás seremos algo más que buenos conocidos gracias a nuestros padres. Estamos en diferentes etapas de nuestras vidas y jamás podremos coincidir, todo eso que vas a vivir, ya yo lo he experimentado…
—Tú y yo no podemos estar juntos. Eso sería incorrecto y yo fui criada con buenos valores y principios —emito, acomodando el vestido con mis manos y mi cabello.
—¿De qué estás hablando, si hace minutos estabas entre mis brazos…?
—Ni lo repitas —interrumpo con fuerza, aunque queriendo decirle que no es más que correspondido. Pero después pienso en lo que pensarán los demás. Crecimos juntos. Cuando yo cumplía los dieciocho él estaba entrando en la pubertad y ¡Claro que no lo veía con interés para aquel momento! Pero esa verdad sólo la sé yo, los demás no creerán en la realidad de los hechos. Soy una figura pública, una futura gran empresaria, tengo una imagen que cuidar y respetar. ¿Qué dirán de mí si me relaciono con ni siquiera un hombre todavía… sino, un muchacho con el que crecí y el cual le llevo una diferencia de edad considerable? No. No es correcto. Sé que mis padres me apoyarán, porque ellos son mi roca y apoyo, sin embargo, esto va más allá de ellos. Se trata de mí misma y mis creencias personales—. Eres apenas un niñ0. Y no trates de decir lo contrario, porque ni siquiera tienes la edad legal para beber alcohol —digo, avergonzada conmigo misma por haber protagonizado una escena tan comprometedora con él.
—Yo sé que eres una mujer correcta así como tengo la certeza de que eres la mujer de mi vida. Sé que la diferencia de edad te pesa, a mí no. El amor lo puede todo, el amor puede más. ¿No son nuestros padres un ejemplo claro de ello? La diferencia de edad no es nada más que un pequeño detalle que se arreglará con el transcurrir del tiempo. Dame la oportunidad, Abigail, permíteme ser el hombre más feliz del mundo y darte todo el amor que guardo aquí en mi pecho por ti. Te lo ruego, Abby, por favor, porque yo creo fielmente que esto que siento no lo volveré a sentir por nadie más y soy fiel a mis creencias.