— ¿Qué harás todo el día? —le pregunto a April mientras miro mi aspecto en el espejo, satisfecha.
—Voy a ir a comprar comida y a buscar un libro que necesito, después haré limpieza.
—Podrías ser menos selectiva con tus pretendientes y salir con alguno de vez en cuando.
—No soy selectiva, simplemente no me interesan.
— ¿Qué hay de Spencer? Sí te diste cuenta de que le encantas ¿Verdad?
Se ríe un poco.
—Sí, lo noté. Pero no me gusta, es tierno, creo; sólo que no quiero tener nada que ver con él.
—Ay, es muy tierno. Dale una oportunidad —pido, ya lista para cuando Alex llegue.
—Te apuesto que para Navidad ni siquiera se ha atrevido a invitarme a salir — asegura desde la puerta con los brazos cruzados y una expresión aburrida—-. No entiendo cómo está en una banda si se nota que apenas puede hablar con los demás.
—No seas grosera, lo ha intentado. Sólo que lo pones muy nervioso.
—No es mi culpa. Me voy a bañar, me avisas cuando te vayas.
Es como si Alex estuviera al pendiente de cuando hablamos de él porque en este momento tocan la puerta. April pone los ojos en blanco, se despide con la mano y se mete al baño, yo me quito la chaqueta para que parezca que no estaba del todo lista cuando llega, también desordeno un poco mi cabello, nunca he podido lucir tan perfecta, pero bueno, al menos mis pantalones no están manchados de pintura o de tiza.
Abro la puerta y Alex está ahí, con rosa para mí.
—Hola.
—Hola —me besa la mejilla y me ofrece la flor con una sonrisa sencilla—. Espero que te guste.
—Es hermosa, gracias. Puedes pasar, sólo tomo mi chaqueta y mi bolso.
Alex entra con aprehensión y observa el departamento con cuidado; mientras busco algún sitio vacío para la flor, del otro lado de la barra Alex observa una foto mía y de April en la que las dos vestimos de un disfraz de “cosa uno” y “cosa dos”, teníamos diez años.
—Linda foto —dice, pero se ve que contiene una risa—. ¿Un Halloween?
Yo me río, no avergonzada, pero sí divertida.
—En realidad, no. Fue en nuestro décimo cumpleaños —ambos sonreímos más, porque, aunque Alex quiera burlarse, es lo suficientemente cortés para aguantar y yo me regocijo con el recuerdo—. April y yo nacimos en fechas muy cercanas, yo soy de enero 6 y ella del 15. Cuando éramos niñas celebrábamos nuestras fiestas de cumpleaños a la mitad de la fecha, el 11 de enero. Ese año decidimos hacer una fiesta de disfraces.
—Tú y April son mucho más unidas de lo que pensé.
—Es otra hermana para mí —confirmo.
—Ya veo… bueno ¿Nos vamos?
---------------
El lugar que Alex eligió para desayunar es hermoso, no es un típico lugar de Manhattan abarrotado de gente al medio día y tampoco es un lugar exclusivo donde hay que hacer reservación, es una mezcla de ambos. No hay demasiada gente y el sitio es tan hermoso que al entrar tengo que mirar todo, flores decorando el lugar, pinturas y mesas de madera que parecen muy antiguas, todo tiene un toque de color, antiguo y viejo, ambos.
—Es precioso ¿Ya habías venido antes?
—No. Estuve preguntando por un buen lugar, espero no fallar —sonríe y elige una mesa junto a la ventana, son amplias y dan una vista hacia una calle tranquila y limpia. Alex pone la silla para mí y después se sienta al frente—. ¿Te gusta?
—Me gustaría cualquier lugar con la compañía adecuada, pero sí, me gusta.
—Hola, soy Kelly y seré su camarera esta tarde —dice una chica con mandil y pone la carta frente a nosotros. No parece demasiado feliz y tengo la idea de que así es como April luce con los clientes—. Les daré un minuto para pensarlo y tomaré sus órdenes en seguida.
En ese tiempo Alex y yo no hablamos demasiado, miro la carta y siento cómo él me mira por encima de ella. No tardamos mucho, así que la mesera nos toma la orden tan rápido como llegó.
— ¿Planeaste algo para después? —pregunto por curiosidad.
—Hay un autocinema que va a proyectar Vaselina hoy a las siete, podemos ir si tú quieres. Hasta entonces podríamos hacer lo que tú decidas.
—April te dijo que me encanta esa película ¿Cierto? —adivino, y él sólo sonríe sin negar nada—. ¿Te gustaría ir al MET en ese tiempo libre? —pregunto de inmediato, emocionada por la repentina idea.
—Cualquier cosa que a ti te guste, me encantaría verla también —toma mi mano por encima de la mesa y ambos sonreímos.
Me siento feliz, me siento como en esas películas románticas que tanto me gustan, como si por fin hubiera encontrado lo que siempre quise.
Nuestra comida llega y huele tan rico que me pongo a comer de inmediato. Aunque tardo mucho más que de costumbre, entre plática y plática nos relajamos, me gusta porque no siento en ningún momento que la charla sea forzada o que se nos acaben los temas. Y son cosas muy simples, una cosa lleva a la otra.
Al elegir postre, el pastel de chocolate grita mi nombre, así que lo pido y Alex elige una copa de helado de menta.
— ¿Sabías que el chocolate libera endorfinas que te hacen sentir como enamorada? —me pregunta Alex viendo mi postre, una sonrisa ladeada se dibuja en su cara y alza una ceja.
Así que, tratando de verme lo más coqueta posible, llevo un pedazo de pastel a mi boca y lo saboreo con cuidado. Después, con mi propio tenedor le ofrezco un poco.
— ¿Quieres comprobarlo tú mismo?
Abre la boca y se acerca para comer, hace una cara exagerada sobre lo rico que está el pastel y yo sólo me río.
—Creo que ya está haciendo efecto —dice.
—Te están saliendo corazones en los ojos, qué efecto tan rápido.
—Tal vez es como la flecha de cupido, instantánea y justo a la primera persona que ves —me toca la nariz con su dedo, muy rápido sólo como un gesto cariñoso y se pone a comer su helado.
—Dime tres cosas de ti —pido—. Dime… un secreto, algo raro y… un sueño.
—Ah… —se esfuerza por pensar, mientras yo sigo comiendo un poco más—. Ya sé. Cuando era niño había un jarrón en mi casa, valía 12 mil dólares, creo que tenía una historia, pero la verdad no la sé —mi boca se abre con incredulidad, porque seguro era un jarrón hermoso y mucho más valioso de lo que cree, una auténtica pieza de arte—, el punto es que una tarde estaba corriendo por ahí y lo rompí, sin querer obviamente. Le eché la culpa a mi perro, era pequeño y recién había llegado con nosotros, así que se me hizo fácil… hasta la fecha nadie sabe que yo fui.
—Pero ¿No sería raro que él lo tirara?
—Fui muy cuidadoso con la escena del crimen —se encoge de hombros y pone una cara de mafioso. Es tan lindo y su cara es de un bebé bien portado que no logro imaginarlo haciendo una travesura de pequeño—. Regañaron a mi perro y estuvieron a punto de regalarlo a alguien más, pero no fue así. Si se hubieran enterado de que yo fui, probablemente a mí sí me hubieran regalado.
—Me parece bajo de tu parte usar de chivo expiatorio a una criatura inocente. Bueno, ¿qué hay de lo raro?
—Eh… soy zurdo ¿Eso cuenta como algo raro?
—No tanto.
—Bueno, entonces… oh, ya sé… siempre que salgo de cualquier lugar, ya sea mi habitación o un bar, justo en el momento en el que estoy bajo el umbral me volteo para ver lo que se queda detrás de mí.
— ¿En serio? —pregunto, tratando de hacer memoria y recordar si alguna vez lo he visto, pero no creo haberme percatado de ello.
—No es muy notorio —aclara sonriendo, viendo que no lo recuerdo—. Es más una mirada sobre el hombro. Ni siquiera yo me había dado cuenta, hasta que hace varios años Dean me lo dijo. No sé, creo que empezó como viendo si no se me olvidaba algo, ya es algo inconsciente. Y un sueño… esta es la más fácil: cuando sea grande quiero tener paz. No quiero que me molesten ni demasiadas personas a mi alrededor, quiero vivir como un campirano y disfrutar de la libertad.
Me parece un sueño triste, demasiado solitario, pero lo dice con tal seguridad y profundidad que sé que eso es lo que quiere realmente. Y de nuevo, me pongo a pensar sobre cómo habrá sido su vida, la vida de un niño rodeado de responsabilidades. Soy una romántica sin remedio, April diría que un poco ilusa, y eso me hace querer ser yo la que cure la tristeza que aún carga.
—Suena como una vida muy tranquila, seguramente bien merecida —digo.
—Eso espero. ¿Qué hay de ti? Un secreto, algo raro y un sueño.
—Ah… hice una cápsula del tiempo con April, a los nueve años, la enterramos en un parque que está cerca de mi casa y el plan es abrirla cuando tengamos veintinueve.
— ¿Y qué pusiste en la cápsula?
—Ese es otro secreto que, quizá, descubras en otra cita.
—Vaya, creo que esto me está gustando. Continúa, por favor, siento que estoy llegando a algo grande.
—Algo raro: todos los días desde que puedo recordar, me levanto de la cama con el pie derecho. Jamás mi pie izquierdo ha tocado el piso antes que el derecho.
—No puedo creer que ni una sola vez. ¿Nunca como… nunca?
—Desde que puedo recordar, no —sonrío y él igual, pensando si eso puede ser posible—. No soy supersticiosa. Paso debajo de las escaleras y puedo cruzarme con un gato n***o sin miedo, pero levantarme con el pie derecho es como una obligación para mí.
—Está bien, creo. Todos deberíamos empezar así el día. ¿Qué hay sobre tu sueño?
—Quiero vivir en los suburbios con tres o cuatro hijos, un esposo que sea mi mejor amigo y mi compañero de toda la vida, quiero nietos y quiero seguir viendo a mis hermanos para las fiestas, que todos nos juntemos y que la familia sea cada vez más grande. Sé que es un sueño raro para una mujer en la plenitud del siglo veintiuno, pero he sido feliz así toda mi vida y la quiero tal cual.
Me mira con ternura, cuando me ve de esa forma me siento… cuidada, segura, como si fuera capaz de cualquier cosa por mí.
No dije el sueño por decirle una indirecta a Alex, lo acabo de conocer y simplemente fui honesta, pero una parte de mí se pregunta si él podría ser la persona con la cual compartir ese sueño. Claro que aún falta un largo camino por recorrer.
—Tu talón de Aquiles es tu familia ¿Cierto? —pregunta sonriendo.
—Eso me han dicho.
—Vas a tener una gran familia, Alissa. Estoy seguro.
Alex es una máscara completa, porque no sé si es una amenaza, advertencia o una promesa; luce amable y lindo como siempre, pero aún no puedo pasar esa barrera que construye.
Después del brunch, vamos directo al MET, mi lugar favorito en toda la ciudad.
Me toma de la mano todo el tiempo, abre las puertas para mí y me mira a los ojos cuando me explica o cuenta algo, como si nada valiera más la atención que yo. Alex provoca esa sensación de seguridad en las personas… también las hace sentir especiales, me hace sentir como si yo fuera una persona sumamente afortunada por cada detalle que él me brinda. Y es que estoy segura de que cualquier chica quisiera estar con él, seguro que tiene mil compañeras que están locas por su belleza, sus impecables modales y su notable elegancia.
Hay muchas salas en el museo, pero hay una en especial que le quiero mostrar.
—Esta es mi pintura favorita. Se llama Visión del Apocalipsis, ha recibido otros nombres como Apertura del quinto sello del Apocalipsis, pero al final se quedó así. No está completa ¿Sabes? Le falta un pedazo en la parte superior que retiraron cuando la restauraron en 1880. Lo que queda muestra a las almas de los mártires rogando la piedad de Dios, la figura de aquí es San Juan. Se supone que la parte cortada (y es lo que me gusta de esta pintura) mostraba a las figuras divinas, más o menos como los techos de una iglesia, lanzando las ropas blancas de la salvación.
— ¿Por qué te gusta? —me pregunta, con esa sonrisita oculta.
— ¿No es así la vida? Sobre la fe y la divinidad. Yo no soy de las que va a la iglesia cada domingo, pero he estudiado el tema en varias ocasiones. Algunos creen y otros no, pero todo se resume en tener fe en algo, en alguien. Confiar en la gente, confiar en la vida y creer que todo se acomoda, que hay algo poderoso, sea lo que sea, que se encarga de eso.
Me toma ambas manos y nos quedamos frente a mi pintura favorita, sonríe entre divertido y maravillado.
— ¿Sabes qué es lo que me gustó de ti la primera vez que te vi? Que confiaste en mí tanto para defenderme de que me echaran de un bar —quiero decirle que él me defendió primero, pero no lo interrumpo porque quiero escuchar lo que dice—. Eres gentil y amable con los ojos cerrados, llegas a las personas y les brindas tu confianza y tu amistad sin objeciones, no te preguntas sobre ellos ni su pasado o su historia, sólo ves lo que son ahora. No te conozco tanto como me gustaría, pero sé que me transmites una seguridad que difícilmente las personas me proporcionan.
Me quedo callada, pensando y asimilando las cosas que dice. La mayoría de la gente piensa que soy demasiado crédula y blanda, nunca me ha importado, aunque lo hagan sonar como un defecto, pero mientras Alex habla siento que él lo mira como algo bueno, algo que él estaba buscando.
—Perdón si te incomodo con mi monólogo —se burla de sí mismo, creyendo que mi silencio es algo malo—, leo demasiado y creo que las palabras a veces vienen muy rápido a mí. No quiero que…
—No, no, fue… hermoso. Gracias. Además, ¿no has notado que soy una romántica entusiasta? Por favor, nunca te detengas conmigo.
—Bueno, espero que no te aburras demasiado pronto.
— ¿Es posible? Pero, por favor, deja de ser tan perfecto porque me siento intimidada. ¿De casualidad tienes sangre inglesa?
—No que yo sepa, pero buscaré algo en mi árbol genealógico si lo deseas.
Cuando es hora de irnos al autocine, Alex confiesa que April fue quien le dio esa idea y que también le dijo que era una de mis películas favoritas, cosa que no me sorprende, pero a la vez pienso que Alex se está haciendo de una aliada demasiado rápido.
No intenta ninguna maniobra conmigo, en lo cual estoy de acuerdo, porque a pesar de que las cosas entre ambos están pasando demasiado rápido aún hay límites que no vamos a cruzar. Yo hablo en exceso durante las películas, cosa que todos me reprochan, así que intento controlar mi lengua mientras estoy con Alex para no asustarlo demasiado rápido. Sin embargo, como todo, la película finaliza y la noche con ella.
Cuando llegamos a mi edificio, no sólo me abre la puerta del auto (como en las otras ocasiones) y la puerta del edificio, sino que va a dejarme hasta mi puerta.
—Gracias por hoy, me la pasé muy bien —aseguro.
—Yo también. Eres una gran compañía y espero que te haya gustado la salida.
—Definitivamente, mis estándares son cada vez más altos.
—Gracias por advertirme, me voy a esforzar más la próxima —bromea ¿o quizá no? Se queda de pie delante de mí, estamos bastante cerca y como que sí quiero que haga algún movimiento ahora—. En definitiva, me gustas mucho, Alissa.
Sonrío. ¿Debería decirle lo mismo o podría dejarlo intrigado? No importa, porque da un paso más hacia mí y planta sus labios sobre los míos para besarme con lentitud.
La otra vez me había besado con urgencia y pasión, ahora lo hace con ternura y delicadeza, sin prisas, este es un beso de buenas noches. Sigo el baile lento de su lengua y la música son los latidos de mi corazón, sus manos en mi espalda baja hacen que sienta un temblor en mí, pongo mis manos en su pecho y disfruto el estar así con él.
—Tengo que irme —dice cuando nos separamos. Me da otro beso corto y casto y los dos reímos—. Tengo tiempo libre el martes, quizá pueda ir a verte al café o antes de que entres ¿Estaría bien?
—Sí, está bien. Mándame un mensaje y nos podemos de acuerdo.
—Ok —sonríe de nuevo—. Sólo un último y me voy —tardo en entender, pero con una velocidad impresionante vuelve a besarme de la misma forma tierna que hace un rato.