Alex me ha dejado en el campus en el mismo lugar de siempre, me despido de él con una sonrisa genuina, la mano levantada y la promesa oculta de que todo cambiará. Camino por los pasillos del edificio directo a mi primera clase del día y estoy feliz de encontrarme con Ella. —Hola, Ella —saludo con fingido entusiasmo. —Issa, hola —su saludo no es tan cálido como lo era antes, llevamos semanas sin hablar y yo la he evitado de formas muy desagradables—. Qué milagro verte. —Me verás más seguido —prometo—. Oye, te quería pedir un favor… ¿Puedes prestarme tu celular para hacer dos llamadas? Perdí el mío justo ayer y no tuve tiempo de comprar otro. —Eh, sí, seguro —busca entre su largo bolso y tarda un par de segundos—. Tómalo. —Gracias, haré las llamadas y te lo doy en la clase. —M

