—Creí que nunca me lo dirías –susurró Raphael, con ella acostada a su lado y apoyada en su pecho mientras él la rodeaba con sus brazos. Eran las dos de la mañana; faltaba mucho para el amanecer, pero ninguno de los dos podría dormir, no con la bomba que les acababa de estallar en las manos. — ¿Qué cosa? —Preguntó ella fingiendo ignorancia. —Lo de Sam… y Heather –Heather se enderezó en la cama y lo miró sorprendida. — ¿Lo sabías? —Sí. — ¿Qué sabías? —Que no eres Heather. Naciste hace ochenta años como Samantha Jones. —Oh, ¡Dios! –exclamó ella saliendo de la cama y dando unos pasos alrededor. Raphael simplemente se sentó y siguió: —No te preocupes –pidió él con voz calma—. Nadie lo sabrá—. Heather se giró a mirarlo. —La persona que menos quería que se enterara eras tú. ¿Desde cuándo

