Heather metía en un pequeño bolso ropa y cosas de uso personal, como el cepillo de dientes y para el cabello. Por primera vez, tendría objetos suyos en la casa de un hombre, y eso la ponía un poco nerviosa. —Tengo que preguntar: ¿cómo la pasaste anoche? –Heather se detuvo en sus movimientos y miró a su madre, sentada en su cama y mirándola con una sonrisa sabedora. Heather sonrió. —No… no tengo palabras para describirlo. —Entonces te fue más que bien—. Heather asintió. —Raphael es… estoy enamorada, mamá. Estoy tan feliz de que me permita ser parte de su vida. —Eso sonó muy humilde. — ¿Y cómo debería sonar? —Él debería estar agradecido de que tú hagas parte de su vida –Heather sonrió negando. —Creo que es un poco de las dos cosas, y el amor no es egoísta. — ¿Dónde aprendiste eso?

