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2108 Palabras

Lo miró como pidiéndole permiso, pero él no hizo ni dijo nada. Tampoco se lo impidió, así que Heather metió sus manos dentro de su ropa interior, y lo tocó.  Cerró sus ojos. No sabía cómo debía ser una erección, pero, así como las madres niegan tener hijos feos, aquella de Raphael era perfecta. Tampoco tenía idea de cuánto debía medir, o qué grosor debía tener, pero la de Raphael apenas si le cabía en la mano. Él lanzó un gemido quedo, y comprendió que si ella, con ese suave sonido se sentía divina y poderosa, entonces los gemidos de ella debían ser iguales para él. Si a ella le encantaba que él bromeara acerca de su cuerpo, entonces ella también podía decir alguna cosa sobre él. —Eres… yo… Dios… —Él sonrió. — ¿Te he dejado sin palabras? —Un poquito presumido, tú. —Pero tengo con q

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