Después del trabajo me reuní con Zach y otros amigos en un bar para tomar unos tragos. Mientras ellos hablaban sobre todas las mujeres con las que se acostaban, mi cabeza estaba en otro sitio.
— ¿Que hay de ti hermano? - me encontré con la mirada de el n***o. Me encogí de hombros sin saber que decir.
— Sabes bien que llevo tiempo sin estar con otra mujer, tampoco quiero - bebí de mi cerveza.
— Pienso que ya te deben arder las manos de tanto masturbarte - hizo que los demás rieran - o debes tener telas de arañas por allí.
— Pregúntale a tu hermana las arañas que tengo - le guiñe el ojo.
— No te cabrees, sabes que solo bromeo - el rodó los ojos - ¿Hay avances entre tu chica y tu?
— Aun no hice ningún intento, ella llegó hace pocos días, pienso ganarme su confianza y quizás lo podría intentar. Es muy rápido para hacerlo en estos momentos.
— ¿Por que te la complicas tanto? - dijo Jonas. Un nuevo amigo nuestro - solo ve y dile lo que sientes.
— Porque eso ya no funciona Jon - sonreí de lado - la he jodido tanto que no basta con decirle cuanto la amé y cuanto la esperé. Ni siquiera me creería.
— Se lo jodido que es una infidelidad, no cualquier mujer perdona algo así. Yo siendo una, no lo perdonaría.
— Estaba en una horrible etapa - bufe arto de que nadie pudiera entenderlo - era un adolescente que se confundía la mayor parte del tiempo y tomaba decisiones de las que luego se arrepentía. Salvo algunos - señalé a Zach - mis amigos no eran una buena influencia.
— Y puedo confirmarlo - asintió mi viejo amigo.
— Entonces tienes que demostrarle a la señorita que el adolescente ya creció - el palmeo mi espalda y se incorporó - debo volver al hospital, luego podemos juntarnos a ver un partido o algo asi.
— Consideralo hecho.
Nuevamente volví a la rutina de todos los días. Papeles por leer y firmar si es necesario.
Dentro de pocos días podría tomarme mi descanso y aún no sabía que podría hacer.
— Necesitan la confirmación de si irás o no al evento - entró Araceli.
— ¿Hasta cuando la necesitan? - eleve una ceja.
— Hasta mañana James, asi que invita de una vez a la chica porque también debo confirmar con cuantas personas iras.
— Tu, Jhon, Anne y yo - sonreí - esas son las personas que deseo llevar conmigo.
— ¿Jhon? ¿ese idiota? - rodó los ojos.
— Confío en ese idiota tanto como en ti. También merece ir.
— Sabes que no me agrada, odio cuando intenta ligarme. Incluso hasta odio su perfume - arrugó la nariz haciéndome largar una carcajada.
— Terminarás casada con el, creeme - Sonreí divertido.
— Ugh pudrete - se dio media vuelta sobre sus tacones y se fue dejándome solo.
Aproveché para seguir chequeando algunos papeles. Iba a decirle a Anne si queria ir a través de un mensaje, pero preferí decírselo en persona.
Una vez que llegué a su casa, me bajé y toqué el timbre. La puerta no tardó en abrirse.
— ¿Que te trae por aqui? - ella sonrió de lado una vez que bese su mejilla.
— ¿Puedo pasar? - miré hacia dentro. Ella se encogió de hombros y se hizo a un lado dejándome espacio.
Una vez que cerró la puerta, ambos nos dirigimos hacia unos sofás.
— Ademas de venir porque quería verte, necesito decirte algo importante.
Pude notar como ella comenzó a ponerse nerviosa.
— ¿Que quieres decirme? - ella se cruzo de piernas.
— Resulta que todos los años se realiza un evento para todos los empresarios del pais.
— Genial - ella asintió con una sonrisa.
— Si, y debo llevar algunas personas conmigo. He pensado en la posibilidad de que tu quieras ir.
— ¿Esta es una invitación? - ella hizo una mueca rara que me dio mucha gracia.
— Eso creo - frunci el ceño mientras comenzaba a reir.
— ¿Cuando es?
— El próximo sabado. Iremos tu, yo, Araceli quien ya la conoces y Jhon.
— Esta bien, creo que una fiesta no me vendría mal - ella se encogió de hombros.
— Perfecto - dije sacando mi movil para confirmarle a Araceli.
— ¿Que tal fue tu dia? - ella caminó hacia la cocina.
— Bien, lo mismo de siempre en realidad.
— Hacer lo mismo de siempre debe ser un poco frustrante.
— No te das una idea - rode los ojos - de todas formas hoy no estuvo tan pesado como otras veces.
Observé como ella estaba a punto de cocinar.
— ¿Desde cuando cocinas? - Sonreí viéndola con atención.
— Desde que la mujer de mi padre me enseñó - ella sonrió de lado - ¿te quedas a cenar?
— Esta bien ¿quieres que te ayude?
— Puedes ir picando la cebolla - ella apuntó hacia una bolsa donde había varias cebollas.
— Me diste el trabajo que mas odio. Picar cebolla.
— ¿Lo odias por que te hace llorar? - dijo ella divertida.
— No, porque me deja un olor horrible en las manos - hice una mueca.
— ¿No extrañas las comidas de tu madre?
— Un poco, no puedo quejarme de mi empleada. Ella es una execelente cocinera.
— Si, al menos lo que nos cocinó aquella vez estuvo delicioso - sonrió.
— Puedes ir a casa a comer cuando quieras - la miré.
— Lo tendré en cuenta - esbozo una sonrisa y continuó haciendo la comida.
— ¿Sabes? - dije rompiendo aquel silencio que se habia formado por un momento.
Ella me miró esperando que hablara.
— Nada, olvídalo - negué con mi cabeza mientras sonreía.
— Vamos dimelo - ella sonrió.
— No tiene sentido.
Ella se encogió de hombros y se subió a una silla intentando sacar un bote de los estantes.
— Diablos ¿no pudieron poner mas arriba estos estantes? - ella se puso de punta de pie. Pero ni así llegaba.
— ¿Necesitas ayuda? - dije acercándome.
— Tranquilo, puedo yo sola.
Esperé que ella pudiera sacarlo, pero sus pies se resbalaron haciendo que cayera en mis brazos.
Ella me miró a los ojos mientras intentaba controlar su respiración. Sonreí al ver sus labios.
— ¿Interrumpo algo?