Liam A la mañana siguiente, Amelia sigue acurrucada a mi lado, durmiendo. Dios, echaba de menos despertarme con ella. Respiro su aroma y me siento en paz. Aún no ha sonado el despertador para ir a trabajar, y tengo cuidado de no molestarla mientras uso el teléfono para avisar a mi jefe de que estoy enfermo y me quedo en casa. En cuanto dejo el teléfono, se despierta y abre los ojos lentamente. Una pequeña sonrisa se dibuja en la comisura de sus labios y mi corazón da un vuelco cuando me mira. Puedo ver el amor que emana de ella y me siento abrumado por el amor y la lujuria que siento. Han sido dos semanas muy largas. Mi polla se estremece al sentir la delicada seda de su piel contra la mía. Como los dos estamos desnudos, empujarla de espaldas y enterrarme dentro de ella es un instinto n

